La desmitificación de Kennedy

Va a hacer 50 años que Kennedy fue asesinado en Dallas. Un acontecimiento de repercusión mundial que marcó a una generación de estadounidenses.

Veremos de nuevo correr cascadas tumultuosas de tinta sobre los motivos y la autoría del magnicidio, fue Oswald un pirado que actuaba solo, estaba la CIA detrás, intervino Fidel Castro… La teoría conspiratoria es amplia y no muere.

A lo largo de los últimos años varios aspectos del mito Kennedy se han difuminado. Hay quien ha potenciado las pifias que cometió, como la de seguir con la catastrófica invasión de Cuba, otros su política en Vietnam etc… Luego, han surgido innumerables artículos sobre su voracidad sexual y sus relaciones peligrosas con mujeres de dudosa reputación y cuestionables conexiones con gente del hampa. Su revelada personalidad de mujeriego ha tenido efectos nocivos en Irlanda, de donde procedía su familia y donde estaba subido a los altares. Hace unos cuarenta años en la mayor parte de los hogares irlandeses se codeaban una imagen religiosa, la foto del Papa del momento y la de Presidente americano. Ahora hay menos de las de los dos primeros y ninguna de Kennedy.

La última leyenda que cae es la de un político de temple de acero que hizo retroceder al bravucón de Kruschef en la crisis de Cuba. Los “13 días”  de octubre de 1963 son la única ocasión en que los gigantes nucleares, Estados Unidos y la Unión Soviética, estuvieron a punto de llegar a la manos por la instalación clandestina, con el aplauso de Fidel Castro, de misiles rusos en Cuba. La CIA descubrió el pastel y para Estados Unidos, viendo misiles rusos a 100 kilómetros de sus costas, el tema era un casus belli. Kennedy dispuso un bloqueo de Cuba, las dos únicas semanas de la historia en que la isla ha estado bloqueada, y conminó a Kurschef a que retirase los misiles instalados. El mundo, pasmado, no es figura retórica, contuvo la respiración. Finalmente después de 13 tensos días con conversaciones entre bastidores, Kruschef accedió a retirarlos.

La venta de la operación por la maquinaria publicitaria de Estados Unidos fue magistral: Kruschef le había echado un pulso a Kennedy y cuando éste se mantuvo en sus trece como un jabato, “el ruso parpadeó” y se retiró sin conseguir nada a cambio.

La realidad, como revela, Leslie Gelb, es otra. En las conversaciones secretas Kennedy no sólo se comprometió a no invadir Cuba, lo que más o menos trascendió, sino a retirar los misiles Júpiter americanos de Turquía lo que fue mantenido en secreto. Kennedy no quería que su cesión produjera un resquebrajamiento de la moral de los países de la OTAN.

Hubo, pues, cesiones de las dos partes. Lo del arrojado estadista Kennedy plantándose firme y no contemporizando en absoluto con el malo, algo muy apreciado por el público estadounidense, era una patraña. Lo extremadamente curioso es que los rusos, pasados unos meses del incidente, no revelaran que las cosas no eran tan rosadas como las pintaban los americanos y dieran la impresión durante años, como luego comentaría Dobrynin, de haber sufrido una poco gloriosa derrota.