El Rey y su centro privado

La veda del Rey está abierta de forma más llamativa que la de otros Jefes de estado. A poco que parpadee el monarca recibe una salva nutrida de abundantes sectores, algunos de estos sorprenden. La última crítica es la del hospital en que está siendo intervenido. Leo en un periódico que don Juan Carlos va a ser operado “en un centro privado” y el titular, como a muchos españoles, me sugiere un hospital elitista, chic, con instalaciones costosísimas no asequibles para el pobre ciudadano. En la mente del lector que tiene problemas con la crisis brota de nuevo la idea de que el Rey goza de un trato de superfavor, algo que debe compartir con un reducido puñadito de banqueros y millonarios, mientras que el hombre o mujer de la calle ha de vivir experiencias parecidas en instituciones mediocremente atendidas.

Luego algún dirigente del PSOE, con una demagogia digna de mejor causa, dice que respetan la voluntad del Rey pero que “les hubiera gustado que fuera a un centro público sanitario”.

En esos momentos oigo o leo que el centro exclusivo, lujoso, fastuoso en que el Rey se opera es el Quirón y entonces se me caen los palos del sombrajo. Resulta que el hospital Quirón es el que yo frecuento como funcionario jubilado de exteriores. Es una institución seria y eficaz, como bastantes otras de España, pero yo no soy rico, ni elitista, ni tiquismiquis…, resulta pues, que miles de personas como yo tienen derecho a ser atendidos en ella en nuestra poco lujosa condición de funcionarios. Nadie me había dicho ni insinuado que yo estaba teniendo acceso a algo propio de un señorito andaluz de los cuarenta o de un potentado. Entonces, si el Quirón, por tu condición de funcionario, por pertenecer a una sociedad, a un colegio profesional… se convierte en tu hospital ¿qué tiene de malo que sea el del Rey en una delicada operación en la que puede que los cirujanos hayan manifestado que preferían realizarla allí?

No entiendo las manifestaciones de tufo jesuítico de la portavoz socialista. Es posible que no quiera hacer demagogia pero la impresión es que sí.

Esto trae inevitablemente a la mente la algarada, realizada por otros, contra la delegada del gobierno en Madrid al ser ingresada en un centro público tras un muy grave accidente de moto. Pensar que mientras sus familiares no sabían si se iba a recuperar tenían que presenciar una manifestación de gente de escasa sensibilidad y pobre gusto manifestándose gritando que la accidentada se fuera a un centro privado, es algo que muestra las paradojas y la polarización tendenciosa a que hemos llegado.

Al Rey también ha debido causarle una cierta perplejidad, aunque ya esté curado de espanto, el comprobar que no habiendo funcionado la operación anterior, padeciendo como cuentan dolores muy considerables y después de despachar a unos 16 embajadores de una tacada aún oye ese curioso y velado reproche de “nos hubiera gustado más que…” Y eso por irse al Quirón(¡!).