A Obama no le apagan el farol los sirios

Los precedentes no son buenos y la gente, los americanos, están en contra pero Obama va a tener que actuar. Lo va a hacer. Las dudas sobre si intervendría en Siria casi se han despejado indirectamente con las palabras de su secretario de Estado, Kerry. Las pruebas de que Assad ha utilizado armas químicas son “innegables” y esto constituye una “obscenidad moral”, ha dicho. Estos calificativos y otros parecidos, unido a que Obama, hace ya un año, manifestó que si Assad empleaba armas químicas cruzaría la línea roja convierten en inevitable algún tipo de intervención.

Si el presidente de la mayor potencia del mundo lanza una advertencia públicamente y el que la recibe hace caso omiso reiteradamente, en esta ocasión con armas prohibidas que han matado a centenares de personas, el todopoderoso ha de dar un correctivo al transgresor. En caso contrario parecería que había estado faroleando y que el “insignificante ” Assad le había apagado el farol.

Obama no va a dar su mazazo con alborozo. Ha estado en contra de los envolvimientos en países islámicos que han dejado a Estados Unidos muy tocado económica y humanamente y además sus ciudadanos no están por la labor. No quieren mayores aventuras redentoras en el mundo islámico. Los que están en contra, aun en el caso de que exista la convicción de la paternidad oficial siria de la atrocidad química de estas fechas, son claramente más que los que la aprobarían.

Las razones por las que la gente de Assad ha lanzado las armas químicas son un gran misterio. Es una provocación clamorosa estando fresco el recuerdo de la admonición de Obama. El americano, de su lado, tiene varios frentes abiertos. En la ONU no hay nada que hacer. Tanto Rusia como China por razones distintas vetarían cualquier resolución. Obama necesita, con todo, un apoyo internacional y no sólo de dos amigos tradicionales como Gran Bretaña y Francia para justificar una operación que no va a contar con la bendición onusiana(¿Se acuerdan de Irak?). Turquía es un refuerzo valioso, país islámico, vecino de Siria y con creciente influencia. Su participación no tiene precio pero es insuficiente. Por eso las Embajadas estadounidenses en el mundo deben estar trabajando febrilmente en estos días recabando apoyos entusiastas o moderados, pero apoyos en cualquier caso. Esto debe explicar que se atrase la intervención dos o tres días.

Luego, la Casa Blanca precisa del apoyo, expreso o tácito del Congreso. Cuando lo de Libia varios padres de la patria protestaron porque no habían sido tenidos en cuenta. Lo conseguirá aunque sea con consultas informales.

Después está el frente externo hostil. Rusia, en momentos en que la luna de miel entre Obama y Putin, si es que existió, se ha difuminado, grita que las consecuencias serán trágicas pero no va a defender militarmente su aliado Assad. Egoístamente sabe que su caída le perjudica pero en estos momentos el sirio, con lo químico, es un paria internacional

Finalmente, habrá que escoger el blanco. El ataque ha de ser limitado, ¿unos misiles desde los barcos americanos?, y, en teoría, preciso sobre objetivos militares. ¿Lo será?

Puede que medianamente. En todo caso constituirá un castigo al delincuente y una prueba de que Estados Unidos no farolea.