Ni el chocolate del loro

El pasado domingo los medios de información de nuestro país destacaban dos hechos que resultan elocuentes sobre la situación de España. De un lado, la reina Sofía recibía silbidos a su llegada al Auditorio, de otras numerosas comunidades autónomas, es decir sus dirigentes, desplegaban una rebelión beligerante o soterrada al anuncio del Gobierno de que va a llevar a cabo una reforma de la Administración.

La coincidencia enseña de nuevo que en nuestro país, dada la situación angustiosa económica, casi todo el mundo está de acuerdo en que hay que hacer ajustes pero NADIE quiere que los hagan en SU PARCELA.

Los pitidos a la reina, aunque según muchos asistentes fueron claramente minoritarios, son una primicia de mal augurio, era la primera vez que Doña Sofía tenía una acogida de este tipo. Que una persona que se ha distinguido siempre por su apoyo a la cultura, y en concreto a la música, oiga voces de desaprobación al llegar a un concierto que fomenta precisamente este arte es noticia. Podrá argumentarse que hay un trasfondo de malestar con la familia real, ¿que tiene la buena de la Reina que ver con los manejos de su yerno?, pero oímos que los que silbaban se quejaban de los recortes gubernamentales a la enseñanza y difusión de la música. Tampoco vemos que la soberana tenga la menor relación con las medidas de austeridad y menos aún con las que afectan a las artes. Sin embargo, la reacción de ese puñado de personas nos lleva a mi conclusión inicial. Nadie admite que, por muy mal que estemos, se toque a su esfera de actividad.

Más sonoro es el rechazo de la anunciada, ¿e irrealizable?, reforma de la Administración. En todas las encuestas conocidas una mayoría de españoles se queja de la proliferación de organismos, de la duplicidad de los órganos de gobierno y desean una poda del árbol de todas las administraciones. Menos defensores del pueblo, se suplica, menos empresas públicas, menos agencias de meteorología, menos “embajadas” etc…

Resultara interesante saber si al ciudadano de Jaén, de Alicante, de León o de Tarragona… le parece bien que supriman su diputación, su televisión o que se agrupe su municipio con otro. Puede que ahí encontráramos menos unanimidad que cuando se formula la pregunta referida a la totalidad de la nación. Lo que afecta a lo suyo siempre será rechazable o cuando menos discutible. Pensemos en la sanidad, la educación, el cine, la investigación, la ayuda al desarrollo, la cultura en sus diversas manifestaciones, la minería… a cualquier campo que miremos veremos que su sector lo considera intocable. CUALQUIERA.

Con todo, el principal escollo del Gobierno, tal vez insuperable, sea la actitud de los dirigentes catalanes, en buena medida la de los vascos y el agravio comparativo que su actitud acabará suscitando en otras comunidades. Sabedores de que negarse a aceptar cualquier imposición que venga de Madrid alimenta el sentimiento victimista que buenos rendimientos da a los separatistas, los dirigentes de la Generalitat, en su fuga hacia adelante, van a decir que no a la supresión del Defensor del Pueblo, de la agencia de meteorología, de la televisión número cuatro, de la embajada número tres, del observatorio número cinco y así sucesivamente. Y entonces, los políticos andaluces, y luego los valencianos, y luego los gallegos van a sentirme, ante sus votantes, incómodos con una medidas que los compatriotas de arriba no aceptan y que la oposición interna en su comunidad va a manejar como baza electoral. El argumento en lenguaje paladino será: “los catalanes se fuman un puro con cualquier recorte que venga de Madrid y yo tengo que aceptar algo que es necesario(?) para nuestra comunidad y que está recogido claramente en nuestro estatuto”? La tesis la puede desarrollar Griñán, con el aplauso de más de un pepero, pero igual puede enarbolarla el presidente canario, el santanderino y con más sordina el valenciano, el murciano o el extremeño. ¿Por qué mi defensor del pueblo o mi agencia de meteorología son superfluos y los catalanes son vitales?

En la situación actual en España ni el chocolate del loro puede ser suprimido. Los loros protestarían y no pocos encontrarían que el Gobierno está asfixiando el estado del bienestar.

2 comentarios
  1. LoLo69 says:

    El PP y el PSOE han sido dos partidos cuyo principal objetivo durante sus 33 años de mandato combinado ha sido llenar sus arcas y los bolsillos de cuantos más acólitos, mejor.
    Se han aprovechado de una ciudadanía servil y con grandes bolsas de ignorancia y de hooliganismo (hay familias en las que, sólo por nacer ahí, ya eres socialista o popular). Una ciudadanía sumisa que es igual de responsable (o de irresponsable, en este caso) por no haber sido crítica y haber permitido que estos sinvergüenzas hayan robado tanto y tanto tiempo.
    Pero bueno, no hay mal que cien años dure (ni cuerpo que lo resista) y la aparición de Iglesias y Rivera es la prueba de que la gente, por fin, se ha quitado la venda, está harta y no va a permitir que le sigan insultando la inteligencia estos zarrapastrosos que nos gobiernan ahora, ni los que lo hicieron hace cuatro años.
    Parar desahucios, generar empleo, repartir equitativamente los recursos (no puede ser que haya cargos públicos con más de quince sueldos), mejorar y ampliar la Sanidad, ídem la Justicia (e independizarla del todo), recortar en lo superfluo (cargos públicos, Senado, coches oficiales, etc.) invertir en investigación y desarrollo, eliminar la figura del aforado, recortar poderes y competencias a los cargos públicos, etc. etc. Menuda labor van a tener que hacer Podemos, Ciudadanos y los nuevos invitados al panorama político. Pero está claro que el PPSOE no ha sido capaz de hacerlo.
    Paso al lado y dejen a otra gente; ustedes son inútiles.

    PD: Y, conciudadanos, no volvamos a ser unos borregos. Si sale un partido nuevo y lo hace mal, ¡¡¡fuera del poder!!! y votemos a otro.

  2. Agromenawer says:

    Hay una mayoría de votantes del PP que le volverán a votar haga lo que haga. Es esa masa indefinida de lectores de diarios como la Razón o ABC sumada a la de los que solo leen el Marca y "no entienden de política". Esa gente vota PP y votará PP porque o se tragan las patrañas de los medios que leen y ven, o simplemente les da igual lo que digan los medios y votan por inercia y por fidelidad a unos colores. Es triste pero es así.

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