Elección en Irán: ¿Seguirán los quebraderos de cabeza?

La elección presidencial en Irán, con la victoria de Rohani, abre aparentemente la posibilidad de reducir la tensión entre Occidente y un país que viene creándonos considerables problemas por el tema de la bomba nuclear.

No es fácil aclarar como el régimen iraní ha permitido que triunfara en las elecciones un político considerado moderado. Khameini, el líder supremo y el que verdaderamente detenta el poder por encima del presidente y de cualquier órgano, no vetó la candidatura de Rohani como había hecho dictatorialmente con otros aspirantes. Es posible que haya pensado que la victoria de un moderado devolvería al régimen iraní, paria en muchas capitales occidentales y en no pocas árabes, una cierta legitimidad. También que esto desarmaría a críticos internos. Por otra parte, cocinar un pucherazo similar al que se dio en la última elección habría producido una conmoción mayor, disturbios, represión etc…, que la de aquel momento. Algo de lo que el poder de los ayatolás habría salido más fragilizado que con el triunfo del también clérigo Rohani.

La victoria de éste, en un país de unos 75 millones de habitantes votaron unos 38, resulta un producto de la crisis económica, en el país escasean ciertos productos como algunas medicinas y la inflación es del 32%, y también del aislamiento a que está sometido. Un sector importante de la sociedad, las clases medias, los jóvenes etc…, están hastiados de la cuarentena que le ha impuesto la sociedad internacional y de ser marginados en el mundo. Quieren normalidad en sus contactos con el exterior y, sobre todo, que acaben las sanciones que están dando dentelladas en el bienestar de los ciudadanos y que crean incluso dificultades al país a la hora de colocar su petróleo.

El problema es que las sanciones, el aislamiento de Irán, provienen fundamentalmente del tema nuclear. La postura de Teherán en el conflicto sirio preocupa pero la madre del cordero es su política nuclear, la creencia generalizada de que sus dirigentes están desarrollando la temible bomba algo que una vez conseguido pondrá muy nervioso a Israel, también a Estados Unidos, a muchos vecinos de Irán etc… Y en esta cuestión habrá que esperar para ver la postura de Rohani que fue negociador nuclear con el exterior durante el mandato de otro presidente considerado moderado. No se cree que Rohani vaya a eliminar el programa nuclear. Ni debe ser partidario de hacerlo ni el tema le compete, pertenece a competencias reservadas al líder supremo.

Ahora bien, frente a la oratoria incendiaria de su predecesor Admadinejad, el flamante presidente ya anuncia que Irán no va a dejar caer su programa cuyos objetivos son “pacíficos”. Promete, sin embargo, que habrá mucha mayor transparencia. Esta será la prueba del nueve. Si los inspectores de la Agencia Internacional de Energía pueden certificar periódicamente que no hay nada sospechoso en los designios de Irán, el presidente será creíble y las tensiones se amortiguarán. Si continua jugando al ratón y al gato las sospechas redoblarán. Hoy por hoy, no hay nada seguro, el margen de maniobra de Rohani es reducido, un optimismo exagerado está fuera de lugar.