Europa dividida y mustia

El desencanto con la Unión Europea crece en países importantes de la misma. La situación económica es la principal razón del desánimo porque afecta al bolsillo de los ciudadanos. En otro orden de cosas, en la política exterior, la Unión tampoco atraviesa momentos muy brillantes. La división entre sus miembros es palpable.

Tomemos dos ejemplos de esta semana, la reacción ante la invasión en el mercado europeo, con sospechas de dumping, de los paneles solares que exporta China y el conflicto de Siria. El Comisario europeo Karel De Gutch propone, puede que ilusamente, imponer una tasa arancelaria del 47% a los paneles que nos vende China. La política comercial del gigante asiático puede arruinar a los fabricantes europeos, hay unos 25.000 puestos de trabajo en juego, y la Comisión por boca de su responsable, el tal De Gutch, pretende ponerle coto. La impresión es que va a ser que no. Varios países, España, Francia, Portugal, Italia, le apoyan pero parece que no sólo estamos en minoría dentro de los 27 de la Unión sino que, además, Alemania capitanea el grupo anti dumping, es decir aquel partidario de que no se penalice a los chinos. Buena muestra de que los países pueden saltarse a la torera decisiones en las que la Comisión tiene una competencia relevante. La Unión se fragiliza.

No menos curiosa es la fractura en el tema sirio. El presidente Assad posee escasos simpatizantes entre nuestros socios europeos (su valedor es Moscú) pero la escisión llega a la hora de decidir la actitud ante la oposición, ante los rebeldes que luchan contra él ¿Se les arma o no? La reunión del lunes de los cancilleres europeos ha sido poco concluyente. Dado que una mayoría de países estaban en contra de armarlos y que Francia y Gran Bretaña abogaban por sí hacerlo, el cónclave ministerial ha decidido que, a partir del 1 de agosto, aquellos países que estimen que es conveniente llevarlo a cabo, pensando, no sabemos si realistamente, que esto puede acelerar la caída de Assad, pueden ir adelante con el suministro. Es, pues, un cierto cambio de posición.

Viena era la capital más opuesta a ese envío de armas a los rebeldes. Debe razonar, como otros, que no se sabe adónde irán a parar esas armas dada la división de los rebeldes sirios por lo que no es descartable que más tarde lamentemos su destino. Además, tiene soldados con la ONU en la zona y teme que, de pronto, se encuentren en un letal avispero. Otros países como Holanda, Suecia, Finlandia tampoco están por la labor. Alemania es tibia pero no parece mojarse demasiado. En el resto escasea el entusiasmo.

Los dos casos mencionados apuntan a que la Unión Europea al pretender llegar a acuerdos en temas importantes entre VEINTISIETE está tratando de alcanzar lo inalcanzable.