En Francia también cuecen habas

François Hollande tiene una penosa cuota de popularidad. La menor de cualquier presidente francés en el primer año de su mandato.

Giscard contaba en parecido momento con un 33 por cien de descontentos, Mitterrand 35, Chirac 49, Sarkozy 64 y Hollande 74. La cifra asombra para alguien que no ha hecho mayores pifias y muestra que el político galo, a pesar de su reputación de gris, había despertado considerables expectativas. Por ahora no colmadas.

La razón de este abrupto declive, allí también, es la crisis económica. El gobierno Hollande se ha visto sacudido por algún escándalo, el ministro de Hacienda ha debido dimitir por ocultar que tenía una cuenta corriente en Suiza, pero la opinión pública podía haber dicho pelillos a la mar si viera el futuro económico laboral de forma boyante. No lo es, el paro, con más del 10 por cien, algo para nosotros risible, ha alcanzado un máximo histórico. Triste constatación para un presidente socialista.

El periódico Le Figaro hace balance de este primer año con una enumeración detallada de los cumplimientos e incumplimientos del nuevo gobierno. Aunque los logros no son pocos la lista de los incumplimientos de promesas o decisiones enviadas a las calendas griegas es nutrida. No se ha reducido el déficit al 3 por cien, no se ha dado el voto a los extranjeros en las municipales, no se ha reducido el porcentaje de lo nuclear en el suministro eléctrico, no se ha prohibido a los bancos operar en paraísos fiscales, los dirigentes de las televisiones públicas siguen sin ser designados por un órgano independiente etc. Otras anunciadas, como gravar con 75 por cien los ingresos mayores del millón de euros no solo han sido bloqueadas por el Consejo de Estado sino que han creado una polémica innecesaria que inicio, quejoso, el actor Gerard Depardieu sobre si la medida iba a provocar una huida de ejecutivos y empresas a Bélgica e Inglaterra. El éxodo no ha sido masivo, como auguraban los enemigos de Hollande, pero ha habido exilios y las declaraciones de partidarios y detractores han desgastado la imagen del gobierno.

Francia, otra similitud con España, vive momentos de escepticismo y desencanto. Afloran abundantes artículos sobre el talante sombrío del francés de ahora y el tema se refleja en los medios internacionales. Que la crisis, no Hollande, ha traído una pérdida de peso especifico de Francia en la escena internacional, también nos parecemos en eso, es algo indudable y ostensible. Todo ello al tiempo que Alemania sigue subiendo imparablemente. Los padres del Mercado común no lo habrían imaginado. Alguien ha escrito que hoy en día si en cualquier tema europeo no montas en tu barco a los alemanes estas frito. Esto es especialmente doloroso en Francia. Los alemanes, con una cultura laboral y económica diferente, la hora de trabajo en Alemania sigue siendo un 12 por cien más barata que en Francia, son cada vez más los reyes del mambo.

La competitividad de Francia es recientemente puesta en cuestión. El director económico de la empresa Axa, Eric Chaney, decía recientemente que Italia y, más aun España, le están ganando en competitividad a Francia. Por fin, una buena noticia para nosotros.