Los ERE y la UGT andaluza

La Unión General de Trabajadores de Andalucía se ve zarandeada al descubrirse que en fechas en que despedía a 159 trabajadores su secretario general vive en una casa costeada por el sindicato y se gastó 800 euros en una cena en un congreso en Sudáfrica.

Considerando escuetamente los dos hechos yo no me rasgaría las vestiduras. La UGT tiene todo el derecho de poner una casa a disposición de uno de sus directivos y 800 euros en una cena de 23 personas tampoco es un escándalo. Ahora bien, hay detalles que explicar que resultan más llamativos. El más importante es el de quien proporciona esos ingresos al sindicato que le permiten ceder gratis un chalecito a uno de sus gerifaltes. Resulta que somos nosotros, los ciudadanos, los contribuyentes. Este es el quid de la cuestión.

Si los sindicatos se nutrieran fundamentalmente de cuotas de sus socios o de donaciones particulares no habría nada notable en que su jefe en Andalucía viviera costeado en un chalet o en una mansión. Si se nutren de dinero público la cosa es ya más discutible. Mucho más discutible.

No estoy entre los que sostienen que a los sindicatos ni un centavo de los contribuyentes. Pero, de eso a que el dinero que ellos recaudan signifique una ínfima parte de los que les da el Estado hay un abismo. La proporción debería ser la inversa, el grueso, recursos propios y luego, una ayudita (¿20?) del Estado.

Todo el tema replantea la conveniencia o la impropiedad de las jugosas subvenciones a los sindicatos. Parece claro que la mayoría de la población las rechaza.

Lo de la cena en Sudáfrica es anecdótico. La cantidad no es ruinosa aunque haya asimismo varias preguntas que hacer. Fueron invitados con mínimos gastos al Congreso en aquel país pero ¿tenían que ir seis delegados andaluces? ¿No bastaba con dos o tres? Es el estilo rumboso a que nos tiene acostumbrado la clase política española en la que se insertan los sindicatos. Recordemos que a la Conferencia Mundial sobre la Mujer de Tokio hace ya unos años acudieron 102 delegados españoles. Repito, ciento dos, récord de los récords.

Tampoco está muy claro las razones por las que la delegación española en esa conferencia ofrece una cena en época de vacas muy flacas ¿Vamos a ser los anfitriones del nuevo Congreso? ¿Se sintió el señor Pastrana rumboso esa noche?.

Por último, y a la luz de lo que ha aparecido en la prensa, ¿Puede la UGT andaluza en la época de penuria en que debe vivir despedir a 159 trabajadores y mantener el chófer de su secretario general? ¿Necesita chófer en estos momentos el secretario general de una central sindical de una autonomía?

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