Boston 2013: El fin del sueño

Después de los atentados de las Torres Gemelas algún comentarista americano escribió que Estados Unidos perdió su inocencia, descubría que tenía enemigos audaces gustosos de hacer una carnicería entre civiles y que el país en ciertos terrenos no era invulnerable. Esto se había parcialmente olvidado.

El atentado del lunes de Boston, aunque menos cruento, significa el fin de otra pretensión complaciente. Muchos americanos constataban que desde las Torres Gemelas habían pasado más de doce años sin sobresaltos y pensaban, además, que un nuevo golpe mortal podría darse en un edificio oficial emblemático, una instalación militar, una industria importante pero no en la calle, no en un acontecimiento festivo deportivo. Ahora esa creencia salta por los aires. El shock principal que se expande hoy por Estados Unidos, después de digerir las imágenes de Boston, es que la seguridad del país sufre un nuevo e importante retroceso. En adelante, se deduce, hay pocos lugares relevantes, frecuentados, deportivos, o “mediáticos” en suma, que sean completamente seguros.

La policía, el FBI, no admite tener ninguna pista segura. Puede ser la obra de un loco o de un grupo terrorista, islámico o no. La fecha escogida, Día Patriótico en Boston, fecha en que se pagan los impuestos sobre la renta, aniversario de la Independencia de Israel… puede o no estar relacionada con la atrocidad. Obama ha sido cauto en la reacción, no ha pronunciado la palabra terrorismo pero la mayoría de los medios de información del país, aún los que aplauden la serena reacción del presidente, subrayan que, perpetrado por un americano pirado o por un grupo islamista, es difícil, por el lugar del colocación de las bombas, por el hecho de que el plan previera dos seguidas etc… calificarlo de otro modo. Aquellos más a la derecha comulgan con Obama en que hay que rezar por las víctimas pero añaden rápidamente que no hay que quedarse de brazos cruzados, que hay que buscar aceleradamente a los culpables y castigarlos ejemplarmente, sin compasión. Este sentimiento es generalizado. El FBI criba en estos momentos centenares de películas de cámaras de televisión, films de aficionados que puedan arrojar alguna luz. Las comunidades islámicas musitan con pesar: “por Dios, que no resulte ser un musulmán”.

Muchos estadounidenses se habían olvidado de que eran vulnerables, su policía había abortado varios complots, pero queda claro ahora que garantizar la seguridad de forma absoluta es algo inalcanzable. Habrá más controles en los aeropuertos y edificios, más limitaciones de la libertad, más incomodidades que los ciudadanos aguantarán sin excesivos aspavientos, con considerable paciencia. Así es Estados Unidos.

El atentado trae otra conclusión; la red social, los tuit tienen una utilidad inapreciable por la rapidez de la transmisión. Son, sin embargo, fuente inagotable de errores. Más de una docena de los pregonados en esta atención por los teléfonos privados (había dos bombas que no explotaron, el autor era un joven saudita, en la Biblioteca Kennedy saltó otra bomba…) resultaron ser falsos.

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