El Rey, su yerno y Catar

Que nuestro monarca hablara varias veces por teléfono con el emir de Catar en la semana que se anunciaba que su yerno iba a fichar como segundo entrenador del equipo de baloncesto de aquel pequeño país ha enarcado muchas cejas, producido sonrisitas y originado comentarios maliciosos (“¡Qué casualidad que al Rey se le ocurra telefonear al emir de Catar cuando Urdangarin se va para allá!, ¡lagarto, lagarto…!”).

Defender al Rey en estas fechas le convierte a uno en un cortesano pelotillero pero teniendo algo de conocimiento sobre las excelentes relaciones del Rey con todos los monarcas árabes del Golfo resulta difícil no hacer alguna reflexión ¿Puede creerse que el Rey necesite hablar varias veces con el emir de Catar porque su yerno vaya a aquella nación a ser segundo entrenador de balonmano? Repito, segundo seleccionador de balonmano, no es precisamente un empleo que controle los servicios de inteligencia, el espionaje, vamos, de los países del Golfo en momentos en que Irán sigue remoloneando en el tema nuclear. Va a entrenar a jugadores de balonmano de una nación que debe ser la número 25 en el ranking mundial de ese deporte no precisamente de masas ¿Es ese empleo tan crucial, tan importante, tan estratégico que necesite que nuestro Rey lo recomiende reiteradamente? ¿No es conocido que hay una antigua amistad entre el seleccionador nacional de baloncesto, que será su jefe en Catar, y Urdangarin? ¿No habría querido simplemente este seleccionador apartarlo de los focos una temporada y echarle una mano a su amigo en momentos en que este no debe andar muy boyante?

El pim pam pum entusiasta de estos meses a la Corona ha provocado que la Casa del Rey se vea obligada a explicar que Don Juan Carlos estaba abogando porque una empresa española consiga unos jugosos contratos en Catar que nos traerán, si se consiguen, buenas divisas y bastantes puestos de trabajo.

Que el embajador de Catar haya revelado que el Rey había hablado con su emir es una ligereza pero que ahora haya que pregonar, en aras de la transparencia, cada ocasión en que el rey hace una gestión para beneficio de nuestras empresas me parece una barbaridad contraproducente. Es a lo que estamos llegando, o porque Urdangarin proyecta residir en ese país, o porque Corinna podría estar envuelta en la operación, o por cualquier otra razón peregrina ¿Seríamos tan escrupulosos si en la intermediación con tal o cual sociedad extranjera para conseguir un contrato para España en vez de una pseudo princesa atractiva hubiera jugado un papel eficaz y sombrío un señor holandés? Seguro que no. Lo único que nos interesaría es saber si ganamos correctamente el contrato y nos parecería normal que el tipo se llevase una tajadita. Que la cacareada y no sabemos si eficiente rubia intermediaria haya podido tener un devaneo con el Rey nos vuelve totalmente puritanos y hay quien se rasga las vestiduras. Suena un poco a hipocresía o simplemente a ganas de socavar la jefatura del Estado.

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