El misterio de las armas de destrucción masiva

Pasada una década del comienzo de la guerra de Irak mucho se ha escrito sobre las motivaciones de Bush para desencadenarla, deseo de cambiar el mapa de Medio Oriente, temor a que Sadam Husseim facilitara armas químicas a grupos terroristas islámicos, proteger a Israel, asegurarse el aprovisionamiento petrolífero etc… En todo caso, el presidente, vilipendiado en muchos países pero muy aplaudido en aquellos momentos en el suyo, acabaría siendo también ampliamente cuestionado en el suyo. No le faltó el apoyo abrumador en las escasas semanas que duró el conflicto (79 por cien) y en los meses posteriores pero cuando las cosas se torcieron después del conflicto, los americanos son pacientes y sacrificados en una guerra siempre que el tema vaya bien y se vea una salida al conflicto, la impaciencia creció y la población empezó a cuestionar la bondad de la decisión.

Hoy los comentaristas estadounidenses censuran la aventura de Bush con profusión aunque en estos días del décimo aniversario del ataque no faltan artículos sesudos que alegan que las críticas al antiguo presidente tienen a menudo bases endebles y son precipitadas porque es pronto para juzgar si el pueblo iraquí va a ganar con la nueva situación o no.

Sin embargo, lo que está aun un tanto en nebulosa son las razones por las que Sadam Husseim no demostró fehacientemente ante Estados Unidos y la ONU, que había aprobado una quincena de resoluciones, alguna de ellas perentoria, pidiendo que lo hiciera ¿Por qué remoloneaba y ponía trabas a los inspectores incluso cuando por fin los dejó entrar? La comunidad internacional, en su conminación, no actuaba en base a suposiciones. Sadam había poseído las armas de destrucción de masiva y las había utilizado en dos ocasiones, en su guerra contra Irán y para sojuzgar a los kurdos. Existiendo, entonces, la convicción en la comunidad internacional de que las seguía teniendo y con unos 180.000 soldados americanos amasados en sus fronteras, ¿Cómo rehusó, por ejemplo, recibir a cinco ministros árabes que venían a proponerle una salida en la que al menos habría salvado el pellejo? Las hipótesis son varias: Sadam confiaría que la oposición decidida en la ONU a la intervención de ciertos países importantes haría recular a Bush, calcularía que cuando se produjeran las primeras bajas americanas y británicas, los dos países que invadieron, el presidente yanqui buscaría una solución negociada temeroso de hastiar a su opinión publica. Otros autores estiman, el que interrogó a Sadam cuando fue capturado en su madriguera, que el déspota iraquí vivía en otro mundo y estaba literalmente obsesionado con hacer creer a su enemigo ancestral, Irán, y a su propio pueblo, que las terribles armas químicas del pasado reciente aun estaban en su poder. Se cuenta que Sadam unas semanas antes del conflicto confesó a algunos de sus generales que las armas habían sido destruidas, lo que resultó cierto, algunos no lo creyeron.

En la ocasión, el dirigente iraquí hizo un cálculo tan pésimo como el que había realizado años antes atacando a Irán y posteriormente anexionando Kuwait. En el supuesto que comentamos le costó la vida y un enorme sufrimiento para su pueblo.