El Dow Jones da un abrazo a Obama

La elección estadounidense consagró a un nuevo mago de los sondeos, el joven Nate Silver que no sólo predijo que Obama ganaría , incluso después del mediocre debate televisado del presidente, sino que adivinó el vencedor en cada uno de los cincuenta estados(lo que daría a Obama un muy amplio margen en los delegados que eligen al presidente). Tampoco se equivocó en el voto popular, mientras reputadas agencias predecían que Romney ganaría (Gallup, 49-48), Silver remachaba que Obama mantendría la presidencia por 50,4 contra 48´1%. (El recuento final sería aún más halagüeño para el presidente, 51% contra 47,2).

Nate ha escrito un libro, The signal and the noise que contiene reflexiones interesantes desde el escepticismo sobre las deducciones de los economistas, “sus previsiones sobre el año entrante son raramente correctas”, hasta críticas sobre el despiste de los servicios competentes estadounidenses antes del 11 de Septiembre: “había razones para pensar que un atentado de esas dimensiones era posible”.

El autor no cree que su papel sea el de hacer pronósticos sobre el “nuevo” Obama pero muchos comentaristas sostienen que el presidente, sin necesidad de templar gaitas para ser reelegido, va a abrazar un programa de gobierno progresista que implicará una nueva transformación del país. Obama ya tiene en su haber logros no despreciables, dio cobertura sanitaria a parte la población que carecía de ella, aprobó legislación económica que evitó el colapso de la economía, es el primer presidente que se ha pronunciado a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo y terminó con la práctica de “no preguntes y no contesto” de los militares. Ahora, un homosexual no corre el peligro de ser expulsado de las Fuerzas Armadas por sus inclinaciones sexuales.

La página exterior es más normalita, el presidente fue desairado por el israelí Netanyahu, Irán sigue impertérrito buscando la bomba atómica y los europeos piensan que su aliado no se ocupa demasiado de ellos. Con todo, los ciudadanos parecen estar de acuerdo con aspectos fundamentales de la acción exterior, sacó las tropas de Irak, va a hacer lo propio con Afganistán y ha usado sin vacilaciones los aviones sin tripulación abejorros para eliminar sin juicio a sospechosos terroristas de Al Qaeda. Al presidente no le ha temblado la mano. Ha multiplicado por seis el número de operaciones de este tipo que autorizó el belicoso Bush, algo que sorprende a los puristas.

Obama tiene ahora desafíos unos buscados, legalizar a más de 11 millones de emigrantes irregulares, reducir la permisividad en la compra y en la posesión de armas (llegar a un control como el europeo es un sueño), limitar la emisión de gases que polucionan… y otros heredados, el presupuesto, el techo de la deuda… El presidente obtuvo en diciembre una razonable victoria escapándose del abismo fiscal y persuadiendo a los republicanos que aceptasen una subida de impuestos para los ricos. Ahora puede que lo tenga más difícil, expiran determinadas exenciones fiscales que concedió Bush y ello llevaría como contrapartida la puesta en marcha de la “sequestration”, una medida económica que implicaría recortes del 9% en el presupuesto del Pentágono y otras agencias.

El presidente está menos complaciente con la oposición. No es persona propensa a pasar horas “trabajándose”, adulando, a sus adversarios en el congreso. Hay temas, como el rechazar que el Congreso no autorice el gasto de programas que ya ha aprobado, que dice ser innegociables. Le quedan dos años para afirmar su autoridad, pasado ese tiempo los presidentes de un segundo mandato están heridos, y para entrar en la historia como el líder que transformó al país. No vacila en vender directamente los temas a los ciudadanos, ya ha hecho una gira en ese sentido, y no le importa que lo tachen de decididamente progresista (“liberal” en la jerga americana), hay que “acabar con la desigualdad”, entona. Últimamente, el término “liberal” era rehuido por los correligionarios de Obama.

En esta semana de atasco con la fuerte oposición republicana, la Bolsa da una muy buena noticia al presidente. Alcanzó este martes la cota más alta de su historia (14,191). El desempleo se ha aliviado parcialmente, la confianza de los empresarios está volviendo y el sector inmobiliario hace meses ya que se despereza. El interés bancario está en los suelos.

Obama puede alegar, aunque aún haya nubes en el horizonte, que las medidas drásticas que tomó hace cuatro años, el llamado estímulo, han jugado un papel determinante para evitar el desplome de la economía estadounidense.