Italia debería importarnos

Los dirigentes europeos respiraron satisfechos cuando el respetado Monti anunció que se presentaría a las elecciones de este fin de semana. Su alegría puede que haya sido prematura, aunque las encuestas están prohibidas desde hace unos días lo que se ha filtrado indica que el partido centrista de Monti, que nunca se pensó podría llegar en primer lugar, puede quedar relegado a la cuarta plaza.

Le pasan factura las serias medidas de ajuste que tomó para intentar que la economía italiana, el país aún tiene una deuda equivalente al 127% de su PIB, no se desplomara. En los mercados internacionales creció en cierta medida la confianza en Italia pero en el país, con una clase media muy golpeada por la crisis, aumentaron el hastío y la irritación. Monti no ha contado con tres o cuatro años para que su política, con más impuestos y más paro, diera los frutos que deseaba.

El favorito en estos momentos, aunque con perspectivas, se dice, menguantes, son los Demócratas de Bersani, una coalición de izquierda, disparatada desde ciertos puntos de vista, que gracias a la prima que el sistema electoral concede al vencedor podría obtener la mayoría en la Cámara baja. No controlaría, en principio, el Senado en el que la prima electoral se otorga en función de la división regional. Quiere esto decir que Bersani necesitaría el apoyo del grupo cristiano de Monti, lo que se auguraba hasta hace poco que sería sencillo, pero el premier ministro saliente declaró el lunes que “con esa coalición de la izquierda no tengo y tendré nada que ver”. Nuevo interrogante para el día después.

La rotunda declaración de Monti puede que esté basada en su deseo de quitarle votos a su correligionario ideológico Berlusconi. Ambos pescan en parecidas aguas. Il Cavaliere Berlusconi sigue sorprendiendo. Ha hecho unas promesas harto demagógicas, en Europa asusta que pueda ganar, pero es un animal televisivo que domina el arte y los trucos de una campaña electoral. En las encuestas estaba el segundo y reduciendo un tanto la distancia con Bersani.

El tercer partido en liza es el de Beppe Grillo y actor y afortunadísimo bloguero que despotrica contra los políticos y contra el sistema pero que podría quedar, ¡oh sorpresa!, delante de Monti.

Europa desea una alianza Bersani-Monti, no será cómoda. Bersani está, en cierta medida, casado con los sindicatos y en estos la CGIL, uno de los más poderosos y radicalizados, ya se ha pronunciado con firmeza contra cualquier profundización de la reforma laboral. Su secretaria general, Susanna Camusso, no comulga exactamente con los planes de Monti.

El sensato comentarista Wolfgang Munchau opina que no es descartable la repetición de un guión como el que vivió Prodi hace seis años. Arrancó como favorito, ganó muy raspado e intentó gobernar. Perdió un voto de confianza en el Senado y… volvió Berlusconi.

La compleja política italiana debería interesarnos. Monti es un ejemplo para Rajoy y los avatares italianos, por el peso del país en la Unión Europea, pueden tener un efecto decisivo en el futuro de Europa y, por lo tanto, en el nuestro.