Obama II: Más hacia dentro que hacia fuera

Los comentaristas estadounidenses están divididos sobre si el discurso de Obama el lunes en su toma de posesión fue antológico o vulgarcito y lleno de banalidades. En lo que hay mayor coincidencia es que la pieza oratoria es probablemente la de contenido más progresista de las pronunciadas por el presidente en los últimos años.

Ha habido menciones relevantes a la necesidad imperiosa de luchar contra el cambio climático, a permitir el matrimonio entre homosexuales, a lograr la igualdad salarial entre hombres y mujeres, a regularizar la situación de los emigrantes y a ejercer un control más serio sobre la posesión de armas. Alguien ha dicho que Obama predicaba elocuentemente para la gente del coro, implicando que las metas mencionadas no son las prioridades de sus adversarios. A sensu contrario, está claro que el presidente, que ha hecho historia no sólo por ser el primer hombre de color en ocupar la Casa Blanca, sino por ser el tercer demócrata en ser reelegido, habrá satisfecho a su base política y electoral. Cuestión distinta de la definición de principios del presidente es si podrá llevar a cabo varios de los propósitos enunciados con bastante rotundidad. La regularización del matrimonio entre personas del mismo sexo, por ejemplo, no depende del gobierno federal sino del de los Estados. El presidente es muy apreciado como persona (a 59% de los americanos les satisface el personaje) pero hay un poco más de escepticismo sobre la efectividad de su política.

En su discurso y en la conferencia de prensa que dio hace días el presidente ha parecido menos propenso a componendas con la oposición, a ofrecer menos que en el pasado la otra mejilla. Si Reagan, idolatrado por los republicanos, creía en su toma de posesión que la solución era menos gobierno, aunque luego resultaría un gran impulsor del gasto federal, Obama quiere más gobierno para evitar que “una minoría cada vez más pequeña se da la buena vida mientras que una mayoría creciente pasa dificultades”. Los colaboradores del presidente filtran también los numerosos gestos feos que ha tenido con él el partido republicano, John Boehmer, jefe republicano en la Casa de Representantes, no ha asistido a ninguna de las seis cenas de estado a las que fue invitado estos años, el derrotado Romney no ha estado en la toma de posesión etc… Hay más. Muchos republicanos aborrecen a Obama.

La impresión ahora, lo que no gustará a sus aliados, es que Obama quiere dejar su marca en la política interior, en cambiar cosas en su país. Tiene pocas tentaciones, si es que alguna vez las tuvo, de ser redentor de problemas exteriores. Los europeos temen que aumente el despego de la política estadounidense hacia Europa, los iberoamericanos otro tanto. En el discurso ha habido pocas referencias hacia temas del exterior y en los debates electorales con Romney Europa estuvo ausente y los temas externos que suscitaron la atención de los dos contrincantes fueron Irán, Corea del norte, Israel… Puede que alguno de ellos, o ahora el terrorismo en el Sahel africano o la guerra verbal entre China y Japón, le de algún berrinche y no permita que el presidente se dedique solo a regar el campo interior.