La tortura en Hollywood y en la CIA

¿Pudo la CIA localizar a Bin Laden gracias a la tortura, a la inmersión forzosa en el agua de un sospechoso? Este es el principal interrogante que emerge de la película “Zero Dark Thirty” que se estrena en estos días en todo el mundo y que el runrún de Hollywood, ya la vieron ciertos críticos y productores, la da como ganadora de varios Óscar. El film ha sido dirigido por Katrhyn Bigelow la primera mujer en obtener un Óscar en esa categoría por la película (“The hurtlockers”) en la que describía con maestría el trabajo y la mentalidad de un equipo de desminado americano en la guerra de Irak.

El nuevo film viene rodeado de polémica. En las semanas que precedieron a las elecciones presidenciales varios republicanos criticaron que la directora y su guionista Mark Boal habían tenido un desusado acceso a fuentes gubernamentales para producir su obra; en compensación darían a entender en su relato que Obama jugó un papel trascendental en la captura de Bin Laden lo que favorecería sus posibilidades de reelección.

La tesis no ha resultado cierta. La cinta se estrena casi dos meses después de las elecciones y Obama sólo aparece inocuamente en una breve entrevista tomada de una televisión en la que dice que está en contra de la tortura.

La cuestión de la tortura será más espinosa. Un porcentaje considerable de americanos, más de un 40%, manifiesta hoy que no le importa que se torture a una persona si eso da información valiosa que salvará vidas. Hace años el porcentaje era inferior al 15%. En el film hay una larga escena introductoria en que un detenido árabe, Ammar, es sometido a “técnicas de interrogación reforzada”, eufemismo para designar la tortura, como no dejarlo dormir poniendo música con volumen alto, humillarlo haciéndole andar con una cadena como a un perro, sumergirla la cabeza en agua etc… El personaje parece estar basada en el islamista al Quatani, el personaje numero 20 superviviente de la conspiración de las torres gemelas y que, efectivamente, tuvo el desliz de mencionar el nombre del enlace que llevaba la correspondencia a Bin Laden lo que permitiría localizar al líder fundamentalista. En la vida real parece que al Quatani proporcionó su información antes de ser sometido a las prácticas bárbaras y la película muestra que sin otras actividades pacientes de la CIA, interceptación de decenas de miles de conversaciones telefónicas, captación de informadores en Afganistán etc… la agente que logró componer el rompecabezas del paradero de Bin Laden nunca podría haberlo logrado pero la impresión que queda en el espectador, por lo llamativo e hiriente de las escenas, es que sin la tortura de las ahogadillas el inspirador de la masacre de Wall Street no habría sido capturado y ejecutado.

Dato clave en la caza de Bin Laden fue la identificación del enlace Abu Ahmed el kuwaití. Era persona prudente, nunca utilizaba el móvil hasta que se encontraba a más de cien kilómetros del reducto en el que vivía Bin Laden, no lo visitaba con frecuencia pero un parsimonioso seguimiento, el soplo de un contacto paquistaní y el hallazgo del ahora famoso edificio, cerrado, sin teléfono o Internet para que no pudiera ser detectada ninguna conversación… suscitó sospechas en la CIA y llevó a la conclusión de que allí se encontraba el líder terrorista.

Esta semana el Comité de Inteligencia del Senado estadounidense publicará un esperado y extenso informe sobre la persecución de Bin Laden. Debería arrojar luz sobre los medios utilizados. El propio FBI ha declarado que usar técnicas coactivas es poco ético y puede ser contraproducente. Peter Bergen analista de cuestiones de seguridad de la cadena CNN ha visto el film, lo elogia pero sostiene que distorsiona la realidad poniendo más énfasis en los métodos coactivos que en el trabajo tradicional de la CIA, recopilación de información, escuchas, informantes pagados, fotografías desde satélite…. Cree que lo sangrante, que para él no fue vital, es lo que quedará en la mente del espectador.

Otra ocasión en que Hollywood no se muerde la lengua y muestra sin afeites la cara descarnada de la sociedad estadounidense.