¿Tirará Europa a Londres por la ventana?

Hace más de medio siglo Gran Bretaña orgullosamente no quiso montarse en el autobús del Mercado Común Europeo. Años más tarde, cuando solicitó la entrada al percatarse de que tenía más que ganar que perder integrándose en esa comunidad, el General de Gaulle le dio con la puerta en las narices. Londres, con un gobierno conservador, volvió a la carga posteriormente. Se le permitió el acceso.

Los británicos, sin embargo, siguen en su escepticismo europeo y Cameron, viendo como una porción no despreciable de sus diputados y una considerable de la opinión pública piafan inquietas con el yugo de la Unión Europea, tiene ante sí una papeleta difícil. Muchos británicos al utilizar la cabeza coligen que la pertenencia a Europa es el menor de los males; sus sentimientos, con todo, no están por la labor. El 57% de los británicos, hoy, optarían por abandonarla.

Como esto tendría considerable repercusiones, bastantes de ellas nocivas para Gran Bretaña y algunas asimismo para Europa, el líder conservador trata de conseguir caramelos o prebendas que endulcen el trago para sus compatriotas. Varias de ellas han sido constante caballo de batalla de muchos dirigentes británicos. Cameron quiere que se congele, incluso que se reduzca, el presupuesto de la Comunidad, es decir que a lo sumo alcance la cifra anual propuesta de 137.000 millones de euros aunque eso implique reducir las subvenciones agrícolas y podar personal, y sueldos entre los funcionarios comunitarios en Bruselas cuyo status y “bicocas” ponen de los nervios a los británicos. El premier inglés ya ha comentado que encuentra fascinante que un 16% de los burócratas de Bruselas gane más de 100.000 euros anuales (en esta época de vacas flacas el porcentaje y la cifra son, desde luego, fascinantes). Los dirigentes británicos consideran que si han apretado el cinturón a sus funcionarios la maquinaria burocrática en Bruselas debería hacer otro tanto. No olvidemos que Gran Bretaña es contribuyente neto.

Francia se opondrá radicalmente a que se toque la política agrícola, de la que es la principal beneficiaria (que engulle 32% del presupuesto total) y aunque Londres encontrará aliados (Suecia…) en la cuestión de la austeridad presupuestaria, la señora Merkel, sin embargo, que era “congeladora” ahora es más flexible, lo cierto es que en la Unión empieza a haber un hastío generalizado sobre las constantes pejigueras de los británicos. El mantenimiento del status financiero de la City de Londres es asimismo una constante exigencia del gobierno de Su Majestad.

El jueves habrá un round de este combate en Bruselas. Nadie quiere que sea el decisivo. No obstante, se comenta que Bruselas prepara un plan B por si finalmente, a medio plazo, hay que aprobar el presupuesto sin Gran Bretaña.

Cameron necesita salvar la cara obteniendo algo. Su oposición no le ayuda demasiado. Adversos en un primer momento a la entrada, los laboristas hicieron campaña contra el Mercado Común en la elección de 1983. Se dieron, entonces, una bofetada. Se fueron, paulatinamente, convirtiendo al europeísmo. En las elecciones del 92 pregonaban que ellos pondrían a su país en la primera división de la Comunidad europea sacándola de la segunda en la que habían permitido los conservadores que lo colocaran. Blair sería un convencido europeízante. Ahora hay una patente ambigüedad laborista, el ministro de Exteriores en la sombra es partidario, el de Finanzas no. Es posible que el partido mire las encuestas. Las últimas del Observer y The Guardian muestran un claro aumento de los euroescépticos.

Europa debe tener paciencia con Londres. Lo que no sabemos es hasta cuándo.