Carromero y la crisis de los misiles

La sentencia en Cuba de cuatro años al español Carromero llega a los cincuenta justos del inicio de la crisis de los misiles. El 16 de Octubre de 1962, los servicios de inteligencia estadounidenses pusieron sobre la mesa del Presidente Kennedy “hard photographic evidence” de que la Unión Soviética estaba instalando en un par de lugares de la isla rampas de lanzamiento de misiles que podrían llegar Washington en 13 minutos y destruir la ciudad. Kennedy reaccionaria con irritación exclamando “Kruschef no me puede hacer esto” y los debates en el seno del sanedrín de seguridad convocado por el presidente se sucedieron a lo largo de varios días.

Documentos conocidos ahora muestran que el Presidente podía adoptar tres cursos de acción. Bombardear Cuba, implantar un bloqueo y negociar un trueque con los soviéticos. Aunque los Jefes militares se inclinaron por el bombardeo sobre las zonas de los misiles (“hay que arrancarle los huevos a Kruschef” diría LeMay Jefe de la Fuerza Aérea), Kennedy y su hermano Robert, Ministro de Justicia, pensaron que un bombardeo masivo sería algo inmoral, “un Pearl Harbour al revés”, y acabarían inclinándose por una mezcla de las otras dos opciones.

Aunque el Embajador ruso A. Dobryn, mantenido probablemente en Babia por su gobierno, negara la existencia de misiles en Cuba y el Ministro Gromyko, que no podía ignorarla, hiciera lo propio días más tarde cuando lo recibió Kennedy, nuevos reconocimientos de los aviones espías estadounidenses aportaban pruebas aplastantes, la cantidad de misiles R-12 ya en la isla era considerable y un informe de la CIA decía que el armamento nuclear introducido por los rusos en Cuba tenía un poder de destrucción equivalente a 20 veces el de todas las bombas lanzadas por los Aliados sobre Alemania durante la II Guerra Mundial.

Kennedy optó por el bloqueo(es el único momento en la historia del castrismo en que la isla ha estado bloqueada, decir que está bloqueada ahora es una sandez) y pronunció un firme discurso en la televisión en el que exigía a Kruschef que retirase los misiles. Al conocerse la crisis el mundo entero contuvo el aliento. El duelo entre los dos gigantes, aún considerando la superioridad nuclear de Washington, podía ser apocalíptico Los apólogos del Presidente estadounidense y el mismo fueron muy hábiles en vender como concluyó. Según los colaboradores de Kennedy el ruso Kruschef no resistió el envite, “parpadeó” y acepto retirar los proyectiles. El gobierno estadounidense prometió, a cambio, que no invadiría Cuba. Años más tarde se ha sabido que Kennedy concedió en el trato algo más importante para los soviéticos, retirar los misiles norteamericanos Júpiter de Turquía. El hecho no se hizo público y sorprendentemente los rusos tampoco lo hicieron aunque a ellos les habría permitido salvar la cara.

El joven español Carromero supo la sentencia de su juicio, un proceso con irregularidades que no se darían en Occidente, en el aniversario de la crisis. La sentencia, teledirigida desde las alturas según algunos, deja la puerta abierta para varias posibilidades. Al ser la pena inferior a cinco años, el gobierno cubano puede expulsarlo del país. También puede acordar con nuestras autoridades que vuelva a España para cumplir aquí la sentencia con arreglo a los acuerdos existentes entre los dos países. Podemos encontrarnos ante una repetición del desenlace de los misiles. Los cubanos son conscientes del ansia de nuestro gobierno de tenerlo aquí. Pueden obtener a cambio alguna declaración pública conveniente para sus intereses y, solapadamente, una promesa del gobierno de Rajoy de que pondrá sordina a cualquier denuncia de la conducta de Cuba en la cuestión de los derechos humanos etc…

El accidente de Carromero en el que perdió la vida el disidente Payá fue, así, un doble premio de la lotería para el gobierno de Raúl Castro.

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