Romney, 1 – Obama, 0

El aspirante republicano  ha ganado el primer asalto. Lo sorprendente es que lo ha ganado CLARAMENTE. Algún comentarista progre, cercano ideológicamente al presidente, ha preguntado: “¿Donde estaba Obama la otra noche?”. En la misma vena, el semanario New Yorker, poco sospechoso de conservadurismo, trae a su portada un dibujo con Romney hablando durante del debate y dirigiéndose al atril de Obama que está vacío. Era un remedo de la parodia que hizo Clint Eastwood en la convención republicana, entonces no gustó pero ahora su idea se ve reivindicada.

El debate de hace noches, devastador para Obama, ha galvanizado a la base republicana y desalentado a una parte de los demócratas. A juicio de muchos, y los partidarios de Obama son los más agrios en este aspecto, el presidente tiró la toalla en este importante momento, minimizando la importancia del debate, no puso en evidencia las conocidas debilidades de Romney (su afirmación despectiva sobre el 47% de los votantes) y mostrando una frialdad, un distanciamiento que le han resultado nocivos. Que el presidente mirara más bien hacia los papeles de su atril y no hacia la cara de su oponente ha sido reiteradamente puesto en solfa.

Como consecuencia, los sondeos han dado un vuelco espectacular. Obama aún lleva una ventaja pero es mínima, 0´5% en la intención de voto cuando antes del debate era de 4´1%. En algunas capas de la población, la revolución de las encuestas es total. En el voto femenino está ahora prácticamente igualada la intención de voto, hace quince días la ventaja de Obama era de 18 puntos. El avance de Romney es casi sin precedentes después de un debate. La gente cree ahora que  él ayudaría a las clases medias con el mismo interés que Obama y empata también con él en la consideración de que sería un buen líder de la nación. Sólo en el capítulo de la honestidad, Obama está claramente adelantado (entre los votantes aún indecisos sólo un 14%, cifra increíble, piensa que Romney sea honesto).

En resumen, Romney ha surgido como presidenciable y el aura de invencibilidad de Obama se ha resquebrajado.

Tratando de cultivar esa imagen de presidenciable, Romney dio ayer una conferencia sobre política exterior en una Academia Militar. Dada la politización del país, el New York Times, decidido partidario del Presidente, crucifica al aspirante. En un editorial titulado A la búsqueda de las mentiras de Romney, sostiene que en su charla el republicano pareció ahora abrazar alguna de las políticas de Obama-Romney tiene una consolidada reputación de oportunista- mientras que en otras, que criticó, sólo “vende humo”. Declara Romney que Obama abandonó precipitadamente Irak pero no explica lo que había que hacer con el país relativamente pacificado y su gobierno y población deseando que los americanos se marcharan. Censura la política contemporizadora de Obama hacia Irán pero ignora que los americanos no quieren ahora entrar en una nueva guerra en Oriente Medio. La lista no es corta.

Romney, poco experto en política exterior, ingenuo y voluntarista en ese campo, tendrá que debatir el tema en un próximo enfrentamiento televisivo. El primero, delante de 67 millones de espectadores en directo, le ha salido francamente bien. Apareció como un centrista cuando en realidad encabeza uno de los partidos más radicalizados de la historia reciente del país.

En todo caso, Obama no puede tomarse el debate del 16 a la ligera. Un nuevo tropezón y la presidencia podría estar en juego.

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