Mano a mano televisado Obama-Romney

Hay quien sostiene que los debates televisados en Estados Unidos no tienen la menor incidencia en las elecciones. La afirmación es cuestionable. En el primero de ellos, en 1960, Kennedy empezó a distanciarse después del que tuvo con Nixon. La gente que lo había seguido por radio creyó que el último había ganado; sin embargo los que lo vieron en blanco y negro en televisión, primicia en la época, obtuvieron la impresión de que el telegénico y bronceado Kennedy había batido ampliamente a su macilento y sudoroso rival Nixon.

El aspirante Reagan también marcó distancias con el presidente Carter cuando al echarle éste en cara alguna contradicción del republicano le rebatió con desparpajo con una frase que ha hecho historia: “!ya está usted otra vez con lo mismo…!” Ford, de su lado, parece que quedó en ridículo cuando en un debate en plena guerra fría sostuvo con firmeza que la Unión Soviética no dominaba a los países de la Europa comunista. Hizo un papelón.

Esta noche miércoles puede que no traiga un desliz gordo de ninguno de los dos candidatos. Romney tiene a su favor, en el debate que se celebra en Denver, capital de Colorado, uno de los Estados indecisos, de los que inclinará el resultado final, que el tema sea política interior y la economía. Este último punto es teóricamente su fuerte. El mandato de Obama acaba con un 8% de desempleo, cifra alta para Estados Unidos, y Romney es un afortunado hombre de negocios. Debe saber donde hincarle el diente a Obama. El Presidente, con todo, es un correcto polemista y no suele perder su sangre fría.

En estos momentos, Obama lleva una ventaja de 3,2% en intención de voto y, por su carácter calmado y su saber estar ante las cámaras, parte como favorito en el primer debate. Esto podría volvérsele en contra como ocurrió en el debate de la señora Palin con el luego vicepresidente Biden hace cuatro años. Sarah Palin era atractiva pero tenía fama de ignorante y mete patas. Que aguantara el tipo en la discusión ante el perro viejo de Biden le hizo subir enteros y potenció claramente su imagen.

Romney se encuentra ante una situación parecida. Considerado de antemano como el perdedor, si logra arrinconar a Obama en un par de ocasiones, si se mueve con naturalidad y consigue un empate técnico en la justa televisiva muchos americanos pueden darlo como vencedor de la velada y de ahí iniciar un despegue que anule la ventaja en los sondeos a 33 días de las elecciones.

Si el republicano da una impresión gris, si Obama muestra más dominio del medio que él, sus expectativas se habrán reducido enormemente. En los dos debates restantes, política exterior etc… la superioridad de Obama es más evidente y las posibilidades de que el millonario mormón meta la pata son mayores. El de hoy miércoles día 3 es, en principio, vital para Romney.

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