La constante levedad de la ONU

Estamos de nuevo en la semana ministerial de la ONU. Es decir, cuando no ya los Embajadores o los Ministros sino los Jefes de Estado y gobierno acuden al cónclave mundial a hacer oír su voz.

Ningún problema mundial de los que están empantanados en la organización se arreglara en estas fechas. El mejor ejemplo es Siria, van unos 23,000 muertos en la guerra, hay relatos de abundantes muertes de niños por la aviación del régimen y la ONU se atasca por el veto ruso y la oposición de China. Ya hemos escrito en más de una ocasión que resulta blasfemo que la Organización inventada para preservar la paz en el mundo pueda ser paralizada por el veto de un SOLO país.

En la Asamblea habrá unos doscientos discursos. Se presta atención a un puñado. Al de Obama, por supuesto, y en esta ocasión al del iraní o el israelita. Rajoy no despertara excesiva atención, el anuncio de que nuestro Ministro de Exteriores quiere que se refuerce el papel de la ONU en la solución de los conflictos es música celestial que será saludada con movimientos afirmativos de la cabeza pero poco más. No nos ofendamos, por otra parte. Tampoco el discurso del primer ministro italiano o el del francés Hollande van a producir mayor excitación. Los que cuentan son los belicosos o los de los países en los que ha estallado un conflicto recientemente. Los diplomáticos de la sala, los primeros ministros estarán ausentes en conciliábulos en salitas montadas en los pasillos, oirán en detalle la soflama del iraní Admadinejad, es una atracción constante cuando se desplaza a Nueva York. En esta ocasión, como aperitivo, ha manifestado no solo lo esperado, es decir que Israel sobra en el mapa del Cercano Oriente, que es solo un accidente temporal, sino que ha pregonado que no le tienen ningún miedo al poderío militar del Estado judío.

Netanyahu, primer ministro de Israel, también será escuchado. Su gobierno tiene ganas de dar un mazazo aleccionador a las bravuconas del Presidente iraní golpeando sus instalaciones nucleares. Es conocido que se está conteniendo no solo por las repercusiones que su incursión militar tendría sobre el terreno sino por los problemas que ello plantearía a su aliado estadounidense en plena campaña electoral. Netanyahu no está en luna de miel con Obama, que no había fijado una entrevista con el en esta ocasión para estupor del lobby judío, pero es raro que se atreva a dar un paso dramático sin la aquiescencia de su gran protector. Por eso tiene interés escuchar la alocución del israelita. Obama ofrece su recepción pero rehúye en esta oportunidad ver a solas a líderes extranjeros, en la sesión del año pasado tuvo trece entrevistas. Debe estar concentrado en su campaña electoral y en preparar el importante match televisado con Romney del próximo miércoles.

Japón y China, con un conflicto abierto por unas islas, también acapararan focos en esta ocasión. La Unión Europea no atrae. Su papel en la escena internacional se ha encogido.

La reunión onusiana, en definitiva, traerá contactos útiles o fútiles entre líderes mundiales pero pocos resultados del organismo