La premonitoria espantada de Cataluña

La no comparecencia del Consejero de Economía de Cataluña en la reunión convocada por Montoro es un funesto presagio y trae malos augurios. No tiene sentido, alega el ausente, asistir a una reunión en la que está todo decidido.

La justificación es pobre aunque iluminadora sobre las intenciones del ejecutivo catalán. No habrá escapado a ningún observador extranjero, a la todopoderosa Merkel etc… que se quiere demostrar, pregonar incluso, que Cataluña va por libre, que, como dijo Artur Mas hace días, no va a aceptar ninguna instrucción que venga de fuera.

Esto le hace un flaco servicio a la crítica situación de España (y de Cataluña, claro). Si una de las comunidades más ricas y pobladas de España, la que supuestamente tenía más “seny” y solvencia, anuncia con palabras y con hechos que no aceptará las directivas del Gobierno de la nación, si no considera oportuno hacerlo, el observador foráneo puede concluir: ¿Dónde va el país (España)?, ¿qué viabilidad tiene como nación?

Los políticos catalanes, dentro de su penuria económica actual, con una deuda igual en términos porcentuales a las de Valencia o Murcia, han encontrado un filón político en su deriva independentista. Ocurra lo que ocurra, el opresor, Madrid, tiene la culpa.

Tenemos un buen ejemplo con el corte de las subvenciones a los centros geriátricos de esa comunidad algo absolutamente inimaginable hace cinco años. Es significativo que un asunto de serio impacto social por la clase y el número de personas afectadas encuentre la primera página, con titulares relevantes o modestos, en la prensa madrileña y de otras poblaciones y aparezca enterrada en el interior de los dos periódicos barceloneses más conocidos (página 15 en El Periódico y la 20 al pie en La Vanguardia).

Las autoridades catalanas han explicado con rapidez la interrupción de esta ayuda a los centros de ancianos: Madrid es el responsable, en realidad, el culpable de que los huéspedes de los geriátricos de Sabadell, Girona o Tarragona no puedan ser atendidos. Madrid tiene la culpa porque siempre le debe dinero a Cataluña. El gobierno de la nación, cualquiera de ellos, es desleal con Cataluña y la asfixia.

No se oye mucho que si los dirigentes catalanes emplearan en estos momentos menos recursos en alguna de sus seis cadenas de televisión, en alguna “embajada”, en el doblaje de películas y en otros gastos discutibles y sobre todo, no urgentes, quizás podrían ganar tiempo para que llegue el dinero de Madrid y así no colapsar ningún geriátrico. Tampoco oímos mucho que dar muestras de rebelión o de insolidaridad con el resto de España (Cataluña será imitada) no es precisamente una muestra de lealtad en estas fechas.

Lleve razón quien la lleve, en la deuda o en la deslealtad, hay un hecho enormemente preocupante para el futuro de España. Y éste es que el slogan machacón de muchos políticos catalanes de que Madrid es el responsable de todos los males de Cataluña (no la funesta herencia del tripartito, no la corrupción, no el vivir, como el resto de España, por encima de nuestras posibilidades) cala cada vez con más fuerza en la mente del ciudadano catalán. De ahí su repetición constante. Es rentable a corto y medio plazo.

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