Incertidumbre en las revoluciones árabes

La transición árabe anda revuelta. En Túnez, el país pionero y en el que según algunos no había excesivos sobresaltos parece que el partido en el poder el islamista Ennadah comienza a practicar la censura en los medios de información. En Egipto, el más importante, la tregua entre el presidente recientemente elegido y las Fuerzas Armadas parece que se acaba. Los militares habían disuelto el Parlamento porque un número no despreciable de escaños habían sido adjudicados en contra de lo que disponía la ley recientemente aprobada y el presidente Mursi ha ordenado que, a pesar de todo, se constituya. El Tribunal Supremo ha declarado constitucional la decisión de los militares y la crisis está servida.

En Irak, la salida de los americanos no ha traído la estabilidad. El mes de junio ha sido uno de los más sangrientos del año con numerosos atentados contra los peregrinos chiitas que rompen, otra vez, el mito de que toda la violencia era debida a protestas airadas por la presencia de una fuerza extranjera, la yanqui, en el país. Si uno examina los acontecimientos de los últimos años se percatará de que el número mayor de muertos en Irak obedece a la guerra civil larvada entre diversos grupos, la mayoría no ha sido causada por o contra los americanos.

En Libia ha brotado una sorpresa. Los islamistas parecen haber tenido un magro resultado electoral. Aspiraban a conseguir 60% de los escaños y se cree que se moverán entre el 25 y el 30%. El ganador ha sido Mahmoud Jibril, un antiguo primer ministro y al que sus enemigos presentan como demasiado laico o progresista a pesar de que, como dicen sus partidarios, va a la mezquita los viernes, hace las cinco plegarias al día y ayuna. Pero así están las cosas en los países árabes después de la revolución. El que se atreve a vislumbrar un futuro mínimo de separación entre el Estado y el Islam es inmediatamente descalificado. Jibril, al que ley le impide llegar al poder en esta primera época por lo que no se presentó a las elecciones, es un moderado cuya influencia en el grupo ganador puede llevar a la promulgación en 18 meses de una constitución que escape en buena medida del fundamentalismo.

Siria sigue siendo un avispero sangriento. Ya se habla de que los muertos han alcanzado la cifra de 16.000, las disensiones entre Estados Unidos y Rusia sobre la solución del problema se han agudizado, la señora Clinton pide la salida inmediata del dictador Assad y Rusia no sólo arrastra los pies sino que manifiesta que los planes occidentales sobre el país conducirían a una extendida guerra civil. Con Siria, Libia, Egipto etc… se cuestiona otro eslogan. Se ha dicho reiteradamente que los países occidentales estaban muy contentos con los autócratas y permanecían indiferentes hacia la instauración en aquellas naciones de la democracia. Puede que fuese verdad pero cuando hace un par de años se produjeron los movimientos para derrocar a esos autócratas Occidente se montó en la ola. Rusia y China la siguen resistiendo. Por la actitud de estas dos, las Naciones Unidas se han convertido en inoperantes en Siria. Una vez más.

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