Rajoy entre las señoras Merkel y Timoshenko

La canciller alemana ha declarado que no habrá eurobonos “mientras ella viva”. La rotundidad de la afirmación implica que a corto plazo ciertas pretensiones de Hollande, Rajoy y Monti no tienen la menor posibilidad de materializarse. La señora Merkel está cediendo en cosas secundarias que nos vienen bien pero no en las fundamentales: nuestro Gobierno será avalista del dinero que se preste a nuestros bancos, estos serán vigilados por Europa y Rajoy tendrá que subir el IVA con repercusión inmediata en nuestros bolsillos. La alianza del presidente francés con Italia y España abandonando en ciertos temas a Alemania ha sentado mal en Berlín.

Rajoy, mientras la agencia Moody´s degrada a varios bancos españoles (aunque en menor medida, prestigiosas instituciones extranjeras como el Deutchsbank o el Bank of America también han perdido un galón a manos de las agencias), constata que el fin de semana tenía aspectos rosados pero que la confianza en nuestro país no acaba de regresar. El Gobierno continúa con una pobre política comunicativa (las medias verdades sobre IVA no, IVA sí no ayudan) y varios actores españoles no colaboran en su propósito de dar una imagen de país responsable al exterior: que el Gobierno vasco se niegue a aplicar el copago sanitario impuesto por el Gobierno, que se descubra que miles, no docenas, miles de españoles de todas las comunidades están estafando a los demás contribuyentes utilizando a un pariente jubilado para no pagar el porcentaje de los medicamentos, que aparezcan fotos de mineros disparando un cohete contra un helicóptero de las fuerzas del orden, que dimita el presidente del Supremo por la sospecha de que ha abusado de los gastos de representación y que luego se demuestre que sus acusadores gastaban en ese concepto bastante más que el defenestrado Dívar, y sin dar explicaciones de esos desembolsos,… todo ello, en los informes que las Embajadas en Madrid envíen a sus países, no hace aflorar la idea de un país serio y solvente.

Rajoy tiene la papeleta de darnos más aceite de ricino y de convencer a los que nos vigilan en el exterior de que nos vamos a comportar como lo que éramos en nuestros buenos momentos.

Estos días verá por enésima vez en las últimas semanas a la señora Merkel que en el Consejo europeo transigirá en cositas, quizás en alguna cosa, pero será bastante intransigente en lo principal. Ni su opinión pública, cansada de los del Sur europeo, ni su legislación le permite cambios sustanciales en varios apartados.

Puede, si Ronaldo no nos fulmina, que español y alemana se encuentren de nuevo el domingo en Ucrania en la Final europea. En teoría, los líderes comunitarios no deberían pisar ese país que está en cuarentena por el bochornoso y politizado proceso que el Gobierno ha incoado contra su principal opositora la señora Timoshenko enferma en la cárcel y a la que, es creencia extendida, se quiere neutralizar políticamente con acusaciones de corrupción. El tema huele mal para el Gobierno de Kiev.

Rajoy parece ha dicho que irá si España gana a Portugal y accede a la final. A mí no me parecería mal, si nuestra selección es finalista en un país que escogió la UEFA se puede muy bien ir sin aceptar ninguna invitación del presidente ucraniano ni darle besitos. Frialdad total. Pero ¿por qué dijo Margallo que Rajoy no asistiría y ahora anuncia lo contrario? Nuevo desconcierto ante la política informativa.