El fútbol y los silbidos al himno

Habrá silbidos y abundantes. Más de un tercio de los asistentes y no exageramos. Las razones son obvias. Un sector nutrido de los desplazados de Cataluña y el País Vasco son gente joven, díscola, inconformista con una no despreciable veta separatista. Además, está el victimismo, la culpa de que ellos no estén mejor, en el caso de los blaugranas de que no ganen todo… es el centralismo madrileño y “el favoritismo que las autoridades del Estado otorgan al Real Madrid“. Alguien podrá reírse pero la semilla del victimismo ha crecido en innumerables ciudadanos catalanes y no sólo en el terreno deportivo. En los jóvenes, más.

Sin embargo, las declaraciones de Esperanza Aguirre, una política con un envidiable don para crear titulares que raramente se le vuelven en contra, son un poco un brindis al sol. No corre ningún riesgo dado que no hay ningún equipo madrileño en la final, los hinchas del Madrid o del Atlético no le perdonarían que se suspendiera la final por unos miles de silbidos. Por otra parte, la suspensión sería contraproducente. La impresión que la cancelación causaría en el interior y en el exterior de España sería perjudicial y haría el juego a los independentistas. El partido debe jugarse, incluso creo que debió ser en el Bernabéu, y aguantar los silbidos al Príncipe y a al himno. Los habrá.

Asentado esto, habría que hacer dos apostillas. La conducta de los hinchas que silban a los símbolos patrios no es muy edificadora pero traduce un penoso estado de ánimo en relación con España que, además, estalla más fácilmente en el anonimato de la masa. Pero lo irritante es que los directivos de esos clubes, de esas comunidades autónomas, los jugadores capitanes de los partidos no hagan la menor manifestación de desaprobación, no pidan que se respete al Jefe del Estado, no expliquen que se ha ido al estadio a ver una merecida final de Liga y no un acto político con abucheos. El silencio de esos dirigentes es alarmante y significativo. Refugiarse en decir que el país tiene cosas más importantes de las que ocuparse, que es una cuestión secundaria….es un recurso fácil al que acuden los radicales cuando se produce cualquier insulto o desaire a lo que es, hoy por hoy, España.

Y, por supuesto, creo que lo ha subrayado la propia señora Aguirre, habría que preguntarse qué ocurriría si en un acontecimiento deportivo en Cataluña o País Vasco unos valencianos, extremeños o gallegos hicieran mofa de cualquiera de las señas de identidad de esas comunidades. ¿Serían respetados in situ? ¿No serían al día siguiente literalmente masacrados en los medios de información locales?

Pienso que el Real Madrid debió hacer un esfuerzo cronológico para acomodar las obras del estadio, porque haberlas las había y eran muy necesarias, los lavabos del Bernabéu eran indignos, a la celebración de la Final pero estoy pasando por alto que el Barcelona no cedió el suyo el año en que los de Florentino Pérez disputaban una en Barcelona y que fue en el estadio culé donde se tiró al campo una cabeza de cerdo para humillar a Figo. No hubo mayor sanción por la gamberrada. El lanzamiento en el Bernabéu sin ningún castigo habría desatado toda una letanía plañidera de victimismo.