Irán: Dilema para Obama y también para Israel

La química entre Obama y el israelí Netanyahu no es la mejor. Se han visto unas nueve veces desde que Obama llegó al poder y casi nunca han salido los dos medianamente satisfechos. El judío llegó incluso a decir hace casi un año al salir de la Casa Blanca que aceptar un Estado palestino siguiendo las líneas de 1967 no estaba en sus planes.

Los dos líderes se vieron hace un par de días. Tema monográfico: Irán y su temida arma nuclear. Obama y Netanyahu manifiestan abiertamente una importante coincidencia, los ayatolás no deben tener el arma nuclear. Obama lo ha dicho en público y para tranquilizar al gobierno israelí y quitar argumentos a los republicanos estadounidenses, a los que se les calienta la boca en la campaña electoral, ha repetido dos veces en las últimas semanas que en lo tocante a Irán TODAS las opciones están sobre la mesa.

Ahora bien, ¿cómo se le hinca el diente al problema? Obama sostiene que no hay que precipitarse, que la vía diplomática es capital, que las sanciones a Teherán de muchos países, la interrupción de compras de petróleo por parte de la Unión Europea… deberían dar sus frutos y llevar a los iraníes a la mesa de negociación. Netanyahu replica que está probado que la negociación y la paciencia no ha dado el menor resultado con Teherán y que las sanciones llevan el mismo camino. En consecuencia, cuanto más tarde Occidente en darse cuenta de ello más se habrá acercado Irán a la posesión de la bomba.

El razonamiento de Israel y de los republicanos es que el régimen iraní es intrínsecamente perverso en su odio a Israel, en su cuestionamiento de la existencia del Estado judío y no cejarán hasta que tengan la bomba. A este análisis se une el de bastantes analistas que con realismo sostienen que los ayatolás se han percatado de que la posesión del arma nuclear les ofrece una garantía absoluta frente a cualquier amenaza de intervención exterior. Tienen el ejemplo de Corea del Norte, un régimen despótico, totalitario, donde la población muere de hambre, bravucón, sin embargo, con la bomba, nadie puede toserle.

La reunión Obama-Netanyahu, en plena campaña electoral estadounidense, ha acercado un tanto las posiciones pero aún no hay coincidencia. Netanyahu piensa que hay que impedir que Teherán tenga la capacidad para hacer la bomba, Obama que se haya decidido a hacerla de verdad. ¿Dónde está, entonces, la línea roja? No parece que el presidente estadounidense, que sabe los riesgos que entraña una intervención, subida del precio del petróleo, dudosa incidencia en su reelección…, la haya definido claramente.

Pocos dudan de que en el gobierno judío aumenta el deseo de intervenir aún sin el apoyo de Washington. La incógnita es si un ataque en esas circunstancias sería verdaderamente eficaz. Una intervención quirúrgica que dilatase el programa iraní en sólo un par de años podría ser contraproducente.