Drama sirio con Rusia de testigo

¿Es Siria vital para los intereses rusos? Los muertos de este fin de semana en el país árabe ponen en evidencia a la diplomacia rusa. Se cree que en Siria ha habido hasta ahora unas 6.000 bajas letales, de los cuales 400 niños, desde que empezaron las revueltas. Se puede decir que el régimen no las ha causado todas, los insurgentes son autores de algunas muertes, pero lo que es innegable es que la intransigencia del gobierno dictatorial de Assad es la principal responsable. Debe haber ya más fallecidos que en las revueltas, tunecina y egipcia y no se ve fin a la tragedia.

La razón principal, aparte del apoyo, decreciente, de que goza el régimen entre capas de la población, hay que buscarla en la cobertura que da Rusia al gobierno, secundada por China. El veto del domingo en la ONU lo prueba. Esta vez no se puede decir que los países occidentales, los capitalistas… buscan derrocar a Assad o persiguen el petróleo, el texto de la resolución en la ONU había sido presentado por la Liga Árabe y su patrocinador era Marruecos. La resolución obtuvo trece votos de los quince existentes en el Consejo de Seguridad. Votaron en contra Rusia y China, la resolución no pasó, claro. Rusia y China tienen esa arma infernal existente en el Consejo, el veto que lo paraliza todo. Que Rusia lance el veto, que con profusión utilizó en la guerra fría pero al que venía apelando escasamente en los últimos tiempos, tiene su intríngulis. En esta ocasión se ha significado excesivamente.

El ministro de Asuntos exteriores ruso Lavrov se ha defendido, la novedad de la situación es que el malo de la película frente a los árabes no es Estados Unidos sino Rusia, diciendo que en el Consejo de Seguridad se ha actuado precipitadamente, que se iba a un escenario parecido al de Libia cuando, arguye, los occidentales se lanzaron a intervenir en base a una resolución que no admitía expresamente que se actuara. El razonamiento cojea, se lleva tiempo discutiendo el tema, se habían admitido en la redacción cláusulas propugnadas por Rusia, como la de no declarar que Assad debía dejar el poder, y por último no se puede calificar de maniobra occidental algo que está defendido por la totalidad de los países árabes y aprobado por 13 miembros del Consejo.

Lavrov ha llegado hoy a Rusia aclamado por una muchedumbre en las calles de Damasco. Dice que va a negociar una salida pacífica de la crisis. Sus intereses, con todo, son obvios. Vende cantidad de armamento a Siria, tiene una importante base naval en ese país y hoy espera sacarle a Assad la reinstalación en un monte cercano a Damasco de una potente base de escucha e interceptación de mensajes. Ve, además, el asunto, como un enfrentamiento con Occidente que recuerda la Guerra Fría.

No sabemos si la obstrucción rusa le será rentable. En Libia fue contraproducente. Gadafi cayó, mientras Moscú protestaba, y los nuevos dirigentes libios han dado a entender que Rusia no es bienvenida para la firma de acuerdos comerciales, suministros…

Por otra parte, todo el drama reabre la cuestión de la reforma del Consejo de Seguridad. ¿Tiene sentido que en un drama como el actual, con los países árabes pidiendo que se haga algo, que un solo país pueda paralizar a la ONU? No lo tiene.

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