Margallo se explica en Exteriores

El nuevo Ministro de Exteriores hace política, y no torpe, en la toma de posesión. En la mañana del martes juraban o prometían media docena de nuevos cargos en Exteriores encabezados por el importante de Secretario de Estado que va a desempeñar el competente Gonzalo de Benito.

He asistido al acto en que había poca gente de fuera del Ministerio y mucha de la Casa especialmente los postergados en la época zapateril y que ahora esperan ansiosamente ser rescatados. Margallo ha lanzado con soltura, tiene el verbo fácil, entre los inevitables tópicos, algunos mensajes, muchos hacia dentro del Departamento y alguno hacia afuera.

Ha querido dar a entender que va a huir del sectarismo, entre los seis que nombraba hoy había cuatro nuevos y dos heredados del equipo de Trinidad Jiménez. Lo ha enfatizado diciendo que no le importaba a quien habrán votado los nuevos cargos, sí le importaba su lealtad al gobierno actual en adelante. Ha señalado que hace veinte días no conocía a ninguno de ellos, es decir que no había amiguismo y tampoco, se presume, nada de partidismo.

Ha alardeado, con naturalidad, del despliegue de actividad de su departamento en las últimas fechas. Fue a Ryad a firmar el mayor contrato logrado por un consorcio español en la historia, el del tren Medina-La Meca, acudió anteayer al aeropuerto a acoger a los españoles salvados del crucero italiano y salió a escape después del acto para recibir en Barajas al periodista liberado por los cubanos y que parece un regalo del gobierno castrista al de Rajoy, Los pocos diplomáticos sociatas que había en la ceremonia rumoreaban rápidamente que el tren era un logro del gobierno exterior, lo que Margallo ha reconocido elegantemente, y que el doble viaje a Barajas era una operación de relaciones públicas, ganas de salir en la foto de un principiante… El gesto del nuevo Ministro para otros, sin embargo, tiene su valor. Si los diplomáticos o cónsules españoles han hecho bien los deberes es de agradecer que el Ministro con su presencia lo ponga de relieve.

Mensaje en todas direcciones, dado que Margallo no tenía por qué referirse al asunto, ha sido el anuncio de que Exteriores ya ha propuesto el que debe, de acuerdo, con Cultura, ser nombrado presidente del Instituto Cervantes. La legislación prevé que este es el modo de nombrar al Presidente, que el Ministro lo haya restregado da a entender que esto no ocurría en el pasado, que a Exteriores lo ninguneaban y que él no está dispuesto a que esto ocurra. Ojalá sea así. Margallo cultivaba así el ego de los diplomáticos aunque luego la cabeza del Cervantes no pertenezca al Ministerio.

La nota partidista, quizás la única, no podía faltar y el Ministro después de decir que se han acabado los últimos años de tristeza en el Ministerio añadió que está seguro de que ahora se va a trabajar con una alegría inteligente. Era una pequeña cursilada. Personalmente creo que los reinados de Trinidad Jiménez y Moratinos no han sido ni mucho menos los más brillantes o airosos de la transición, y viví la veta sectarista de la primera época, ahora bien dar a entender que la gente iba llorando por el Ministerio y que ahora todos van a empezar la jornada con una sonrisa que no la mejoraría Julia Roberts es un poco exagerado. Me pregunto lo que dirá dentro de ocho años, si entrara el PSOE, el sucesor de Margallo, ¿que se habían acabado los años del llanto y del crujir de dientes y empezaba una era de euforia?