El medio, el delantero y el dinero

De Messi se ha dicho casi todo ya y el último balón de oro lo confirma. Ganarlo tres años CONSECUTIVOS y a la edad de 24 años es un hito histórico. Platini, que también lo consiguió tenía más de treinta años en su último y Van Basten y Cruyff lo consiguieron de forma espaciada. Conocida su precocidad, un rasgo, sin embargo, que no se destaca demasiado del genio argentino es su desprendimiento, su generosidad, es quizás lo que más lo distingue de su archirrival Ronaldo. El madridista es el archichupón por antonomasia, si él tiene una oportunidad difícilmente la pasará a un compañero aunque éste tenga el doble de posibilidades de marcar, mientras que Messi no vacila un segundo en cedérsela al colega mejor situado. No es raro que a sus 231 goles marcados en el Barcelona se añadan en estos años más de ochenta asistencias decisivas. La prensa francesa lo califica en estos días de altruista. Lo es.

Lo del centrocampista Xavi es una pena. Que el mejor constructor de juego del mundo y mejor medio de la historia de España sea sistemáticamente postergado en favor de delanteros sólo puede obedecer al deslumbramiento que despiertan los goleadores. Tienen prima desde tiempo inmemorial, el fútbol es ciertamente goles pero hay una fascinación excesiva del espectador y de la crítica con el que marca tantos. Si Xavi siguiera en su inmejorable clase y el año que viene surgiese otro jugador que logra media docena de tantos vistosos y que juega en el ataque el catalán sería de nuevo postergado. Y si España se proclamase de nuevo campeona en el europeo y Casillas fuera el principal artífice de ello por haber detenido tres penaltis y hacer cuatro paradas inexplicables de nuevo sería preterido a Messi, Ronaldo o ese delantero brillante que surgirá el año que viene.

La última reflexión es sobre el fútbol y el dinero. En la selección ideal planetaria votada anteayer hay cinco jugadores del Barça, cuatro del Madrid y dos del Manchester United, justamente los tres clubes con mayor presupuesto del mundo. El hecho es significativo, los ricos acaparan normalmente los títulos y las distinciones, y no parece que la tendencia vaya a detenerse. En 1996, los presupuestos del Real Madrid y del Barcelona se aproximaban en pesetas a los cincuenta millones de euros, el del club catalán era levemente superior. Ahora, en época de crisis, cualquiera de los dos maneja más de cuatrocientos millones al año, el Madrid mueve ahora un poco más. Esta multiplicación por ocho, impensable hace quince años, nos parecerá ridícula dentro de otros quince. Fútbol es fútbol.