Siria, otra ficha del dominó

Es frecuente oír en los puristas aficionados a la política internacional que los países ricos han intervenido directamente en Libia y se lavan las manos sobre lo que ocurre en Siria donde el régimen dictatorial de Assad podría ya haber matado a unos 4,000 opositores y manifestantes. La razón sería el petróleo, claro. En Libia lo hay en cantidades inmensas y en Siria no.

La deducción es simplista. En Túnez no había petróleo y Occidente, Francia etc… apoyó a los revolucionarios. La razón real es que la intervención en Siria presenta enormes problemas. Militares, en primer término, ni Estados Unidos, ni Francia, ni Gran Bretaña, (Alemania no quiere saber nada de esto y los demás somos comparsas) están ahora para otra intervención militar que sería costosa. Por otra parte, atacar a Siria no sería un paseo militar, el régimen ofrecería una resistencia mucho más dañina para la población civil que la que se hizo en Libia. Luego, están las consideraciones políticas, de un lado Rusia y China han sido reticentes a apretarle las tuercas a Assad y si el derrocamiento de éste trae inestabilidad al país las complicaciones, incluso para Israel, serían evidentes.

Assad, sin embargo, parece darle la razón a sus oponentes sin percatarse de que puede estar cavando su tumba. La represión sigue a buen ritmo, en las últimas fechas unas 50 personas habrían sido abatidas por las fuerzas del orden, y el régimen se empeña en calificarlos de terroristas y saboteadores cuando en la mayor parte de los casos, -aunque es posible que Al Qaeda esté tratando de pescar en el río revuelto-, se trata de ciudadanos protestando contra un régimen opresor.

Al dictador sirio le ha llegado un pequeño balón de oxígeno con la admisión de unas decenas de observadores de la Liga árabe. Esta organización es bastante inoperante pero es reacia a que el problema sirio continúe siendo tratado en el Consejo de Seguridad de la ONU. Assad ha aceptado su venida porque alivia la presión, puede suavizar las tensiones en momentos en que entre la población empieza a escasear el aceite y otros productos. Que el Ministro de Asuntos Exteriores ruso, Lavrov, le haya dado un avisito habrá reducido la intransigencia del dictador. Al régimen sirio le es vital que Rusia no cruce el Rubicón porque Estados Unidos ya ha dicho que Assad debe marcharse y, casi más importante, el primer ministro turco Erdogan, la estrella actual de la zona, ha advertido al sirio que corre el peligro de terminar como Hitler y Ceaucescu.

La oposición siria, interna y externa, no ceja. Los del exterior piden la intervención occidental, los de dentro se echan a la calle arriesgando diariamente su vida. Unas 70,000 personas salieron a recibir a los observadores de la Liga árabe profiriendo gritos contra Assad y éste continúa con sus artimañas, en la madrugada que precedió la llegada de los observadores unos 500 detenidos fueron trasladados clandestinamente a unas instalaciones militares. Son opositores políticos colocados ahora, para que no puedan ser entrevistados por los observadores, en lugares considerados “sensibles” y a los que se negará acceso a los inspectores. Un nuevo paso totalitario que burla el acuerdo de inspección.

Assad no va a cambiar. Veremos si dura.