El brazo largo de Putin

El periódico francés Le Monde afirma que ha habido un “fraude masivo” en varias zonas, Hillary Clinton se atreve a fruncir el ceño sobre el tema, los observadores electorales se quejan de que ha habido acoso y trabas de las autoridades. Un grupo ruso(Golos), conocido en Occidente, especializado en supervisar los comicios y que ya había sido veladamente acusado por el propio Putin de recibir dinero del extranjero( de Estados Unidos, claro) para desacreditar  la jornada electoral vio su portal electrónico bloqueado. Por si hubiera dudas de que, al menos en alguna circunscripción, se ha fabricado un “pucherazo” reflejaremos un dato que recoge el poco derechista británico The Guardian: en Chechenia, 99,7% de los votantes se han inclinado por el partido “Rusia Unida” de Putin. Un poco llamativo. Según otras noticias en casi una cuarta parte de los colegios electorales no se han oficializado los resultados en el momento previsto.

Con todo, y aquí está la noticia, las elecciones no han sido lo que esperaban los dirigentes del Kremlim. Rusia Unida pierde quince puntos en relación a la última convocatoria y se queda en 49,5%, porcentaje envidiable para Occidente pero se queda muy corto de la aclamación que buscaba Putin antes de las elecciones presidenciales de dentro de pocos meses y que ganará. El partido comunista(19´2%) y los dos siguientes, 13 y 12% respectivamente, no le impedirán gobernar, aunque sí podrían plantear una moción de confianza, pero es claro que una parte del electorado ruso, que  ha agradecido la estabilidad que Putin ha proporcionado al país después de los agitados y frágiles años de Yeltsin, empieza a mirar con desconfianza la acumulación de poder en manos del nuevo Zar y su prolongación indefinida en el tiempo. Si todo sigue así e intercambiando, como planeado, su puesto en las elecciones con su subordinado Mevdeved, Putin puede estar al frente de los destinos de Rusia hasta el 2024. La impresión generalizada en Occidente, y por lo que se ve ya en no pocos rusos, es que pocas cosas van a cambiar. El grupo económico que se mueve alrededor del Presidente seguirá controlando los resortes que cuentan, la televisión continuará siendo sumisa al poder y los tentáculos del Kremlim, como se vio en la destitución franquista del alcalde Moscú, llegarán a confines desconocidos en nuestras latitudes.

Que Putin se eternice puede ser incómodo para Occidente y Estados Unidos. Es un supernacionalista que calificó el estallido de la Unión Soviética de “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”, definición enormemente reveladora, e idea central de su pensamiento internacionalista es una conclusión preocupante ya alimentada por los dirigentes rusos de otras épocas, Occidente no dejaría de conspirar para debilitar a Rusia a cualquier precio. Por ello, Rusia que, gracias literalmente al maná del petróleo tiene dinero que gastar, va a incrementar su presupuesto militar. Por lo pronto, desconfiando del escudo  antimisiles propuesto para Estados Unidos que no ve dirigido contra Irán sino contra ella, va a instalar una potente base de cohetes en Kaliningrado, la ciudad ahora rusa en que nació Kant y que está en la frontera con los países de la OTAN.

Por otra parte, y aquí nos duele, sus inmensas riquezas energéticas y la política europea, sobre todo  la alemana, hacen que la dependencia de la Unión Europea del gas y petróleo ruso sea visiblemente creciente. En el 2030 nos proporcionará quizás el 50% de nuestro consumo. Peligrosa dependencia.

Sobre el autor de esta publicación