El cambio climático en apuros

Sudáfrica, la mayor economía de África, va a echar el resto para que la Conferencia que se inicia en Durban sobre el cambio climático sea un éxito. Sudáfrica salió airosa de la celebración de los Mundiales de fútbol del pasado verano. Ahora, la cuestión no es la organización sino el resultado y en esto los nubarrones se espesan.

La conferencia anterior en Copenhague fue un chasco casi total y la situación no ha variado mucho. La dificultad mayor de entonces sigue presente. China quiere que los países desarrollados que vienen contaminando desde hace décadas hagan los mayores sacrificios en el corte de emisiones. En los desarrollados, Estados Unidos sería un buen ejemplo, se contraataca diciendo que sea cual sea el pasado, los importantes en vías desarrollo también tienen que hacer reducciones importantes, más infiere China que desde la Conferencia fundacional de Kyoto se ha convertido en el primer emisor de gases del mundo por encima de Estados Unidos. Explicarles a muchos congresistas de la mayoría republicana yanqui que su Congreso tiene que aprobar medidas que castiguen a la industria que poluciona y que China quiere tener un tratamiento privilegiado resulta un chiste.

Otra razón es que no está el horno del gasto para muchos bollos. En Copenhague se decidió, un brindis al sol, que los países ricos destinarían 30.000 millones de dólares al año para ayudar a los menos favorecidos a cumplir sus objetivos medioambientales. Esa cantidad subiría a 100.000 millones anuales hacia el 2020. Esto, en las condiciones actuales de la economía, es un sueño, ¿dónde está el dinero cuando todos los gobiernos están embarcados en recortes?

¿Es concebible que España que, por cierto, no ha cumplido en la era Zapatero los objetivos que se había fijado de reducción de gases, al parecer las ha aumentado, pueda dedicar mucho dinero a ayudar al tercer mundo en este terreno? No.

Por último está la ofensiva de los escépticos. Hace años, los críticos que no están muy convencidos de que el calentamiento global, si existe en la forma alarmante que dicen bastantes científicos, sea obra del ser humano descubrieron una serie de correos electrónicos de una universidad inglesa en que abundantes miembros de la comunidad científica, apóstoles del calentamiento global y de sus amenazas, “conspiraban” para magnificar el peligro, silenciar detalles que cuestionaban los efectos nocivos del calentamiento etc… Algunos de los mensajes revelados entonces estaban sacados de contexto, muchos científicos reiteraron que las pequeñas tretas empleadas dirigidas a crear la alarma no invalidaban el hecho de que el peligro existía, pero el descubrimiento fue un festín para los llamados escépticos.

Ahora aparece una nueva ola de filtraciones, lo que los escépticos llaman el “Climagate 2″. Otra serie de mensajes en que los científicos politizados tratarían de influir en la opinión pública, en uno de ellos, por ejemplo, se lee “la clave está en encontrar cual es el mensaje principal y utilizarlo como guía para saber lo que se incluye y lo que se suprime”. El Climagate es un regalo para todos los políticos que cuestionan el calentamiento global y, en concreto, para figuras prominentes de Estados Unidos donde alguno sostiene que lo del calentamiento es una “farsa”.

No acaban ahí los problemas. Motivados por el escepticismo, por su negativa a sacrificarse si no lo hacen los de enfrente o por no estar los tiempos para hacer desembolsos, los Estados Unidos, Canadá, Rusia, Japón y la Unión Europea han manifestado que no firmarán nada que se parezca al documento de Kyoto (Entonces, EEUU lo firmó y no ratificó, otros no lo hicieron)

En otra época, la Unión Europea podría haber sido el motor del acuerdo. Ahora no está para muchos trotes.