La política exterior en el debate Rajo-Ruba

Más de un comentarista se ha preguntado por los temas ausentes en el muy visto debate Rajoy-Rubalcaba. No se trataron las cuestiones de las pretensiones de los nacionalistas, que van a dar abundantes quebraderos de cabeza al próximo gobierno, no se abordaron las intenciones de Eta y Rajoy guardó un educado silencio sobre las acusaciones al ministro Blanco. Sus razones tendrían, aparte de las limitaciones del tiempo, porque muchos de los votantes del Partido Popular piensan que no caben excesivas contemplaciones con un político como Blanco que si la situación hubiera sido la opuesta, un ministro del PP tachado de corrupto, se hubiera puesto a la cabeza de la manifestación para abrumarlo y denigrarlo hasta la saciedad.

El tema de la política exterior fue asimismo abordado a la carrera, sin profundidad. Rubalcaba, obsesionado con hacer de oposición haciendo un juicio de intenciones al líder popular, ni lo mencionó. Rajoy no quiso dejarlo en el tintero pero lo llevó al final cuando el cronómetro no daba para más. Dijo una verdad conocida, España pesa menos en el exterior que anteriormente(bastante menos diría yo que en los reinados de Aznar y de González), hizo una alusión a la vacuidad de la Alianza de Civilizaciones, aquí también la faltaron ganas o tiempo para hacer sangre, y apuntó que su gobierno le dedicaría más tiempo a Iberoamérica conocedor de que Zapatero es, con enorme diferencia, el Presidente del gobierno que menos tiempo y viajes ha dedicado a esa zona de la tierra tan sentimental e histórica y ahora comercialmente cercana a nosotros(Repsol lo prueba estos días). Le faltó añadir que probablemente la pobre presencia de los altos dignatarios de aquel lado del Atlántico en la última Cumbre iberoamericana de hace días (once de veintidós, récord de ausencias) tenga como causa no sólo que el modelo de esas cumbres esté un tanto agotado sino en la desgana y desinterés de Zapatero por los temas de política exterior en general y de Iberoamérica en particular.

Interrumpiendo a Rajoy, el candidato socialista no vaciló en hacerlo en varias ocasiones, Rubalcaba intercaló que nadie podía negar que el gobierno de Zapatero tiene un hito sustancial en su trayectoria, haber llevado a España al G-20, aunque sea de invitado más o menos permanente El hecho es meritorio, ciertamente pero, como en tantas cosas de este gobierno, no hay que magnificarlo en absoluto. Es muy conveniente que España frecuente ese cónclave pero las reuniones del G-20 no son lo que eran como se ha visto en la de estos días en Cannes. Ampliar el número de participantes, en la mesa había no 20 sino 33 o 34 asistentes, diluye la relevancia de estos, sobre todo de los segundones, y los grandes empiezan a ser reticentes sobre el formato. Con todo, el gobierno de Zapatero ha rendido un servicio a España y a sus sucesores. Estos podrán hacer oír su voz en ese foro de forma más sonora que nuestro Presidente saliente. Por más que me he esforzado, desde que Francia lograra sentarnos un taburete en el G-20, no he visto en ningún periódico extranjero la menor mención de la postura de Zapatero en esas sesiones.

Concluyamos, por otra parte, que los dos candidatos, y más marcadamente Rubalcaba, no tenían la política exterior, en absoluto, en el centro de sus prioridades. En lo que parecen ser un calco de los votantes.