¿Quién creerá alguna vez a los griegos?

En el seno de la Comunidad Europea los griegos siempre han parecido un tanto trileros, gente un poco fullera, incumplidora y chapucera. Su Primer Ministro actual, Papandreu parecía determinado a desmentir esa reputación. Ayer, sin embargo, la acrecentó y de qué manera. Al anunciar que va a someter a referéndum el plan trabajosamente elaborado en Bruselas para salvar a su país, referéndum de resultado harto incierto, ha dado una estocada a las Bolsas europeas, irritando sobremanera a los dirigentes europeos que no se acaban de creer que el griego podía hacerles esto después de las ayudas prometidas y asestado un golpe a la reputación de Grecia del que difícilmente se recuperará.

Los próximos cercanos a Sarkozy y a Angela Merkel señalan que sus jefes no podían creer lo que estaba pasando, que no le perdonan a Papandreu que los mantuviera a oscuras de sus propósitos, incluso que no se pusiera al teléfono en los primeros momentos. La consulta popular, que según los pronósticos actuales se perdería, no podrá celebrarse hasta el mes de diciembre lo que complica el panorama griego y el de Europa. Los 8,000 millones de euros que el FMI iba a prestar ya a Grecia quedarán congelados, los bancos europeos razonarán por qué van a hacer una quita del 50% de la deuda de Grecia si el país va a la quiebra, en estos momentos, con un líder que parecía serio y que falta a sus compromisos, nadie querrá prestarle un céntimo a ese país. ¿Qué inversor puede ahora comprar deuda griega?

Las reacciones de los políticos que pueden hablar son duras. Un francés tacha a Papandreu de irracional, un dirigente de la CDU alemana dice que juega con fuego. Todo ello refuerza la postura de los que piensan que el mundo del euro no es un lugar para Grecia, un país con demasiados agujeros fiscales, con una disciplina presupuestaria reducida y con unos dirigentes que mienten sistemáticamente sobre el estado de su economía. En definitiva, arguyen, no cabe en el planeta euro. Los abogados de Turquía en la Unión, no muy numerosos por el momento, comentan que el comportamiento de Ankara, si a los turcos se les franqueara la puerta de Europa, sería mucho más serio que el de sus rivales helenos. Para embarullar más las cosas, el hecho ocurre en los días en que el Banco Central Europeo cambia de cabeza.

Nadie se explica la espantada de Papandreu a no ser que le hayan faltado agallas para decir a sus compatriotas que la aprobación del paquete de ayuda exigía nuevos recortes desde despido de funcionarios hasta congelación de pensiones pasando por reducción de salarios, mayor seriedad fiscal etc. Si esta es la razón, es poco presentable que no advirtiera de la decisión que iba a tomar a los colegas europeos que le ayudaban.

Nuevo y enorme quebradero de cabeza para el cónclave económico que empieza mañana. Nuestro país, como viene siendo costumbre, no será ya un actor secundario sino un simple extra.