‘France Soir’ y las primarias

El venerable vespertino France Soir fallece en su edición impresa. Nacido después de la II Guerra Mundial el periódico tuvo momentos de gloria en los inicios de la segunda parte del Siglo XX. El día de la muerte de de Gaulle tiró más de dos millones de ejemplares. Ahora se asfixia. Un millonario ruso que lo compró hace un par de años le inyectó unos cien millones de euros. Sin éxito. En el 2010 perdió treinta y uno y las tiradas no han remontado. El objetivo de vender unos doscientos mil se quedó corto. Sólo coloca setenta y con esto no sobrevive.

Seguirá ahora el camino de unos 180 diarios de Estados Unidos que han suprimido la edición impresa y se han refugiado en el Internet. Un suscriptor de France Soir de los años sesenta nunca lo hubiera creído. La cosa evidentemente no queda aquí. Habrá más defunciones.

En el terreno político en Francia se especula que la que se produjo el domingo fue la de Segolene Royal. La candidata socialista, que en las primarias de hace unos años sacó 61% de los votos y luego sería derrotada en la presidencial por Sarkozy, ha hecho el domingo un pobre papel. Llegó la cuarta, 7%, muy distanciada no ya de los dos en cabeza sino del tercer clasificado Arnaud de Montebourg (17% de los sufragios). El drama de la señora Royal es que muchas de sus ideas, incluida la de las primarias, han sido adoptadas por sus rivales. Ello conduce a la conclusión de que es ella personalmente la que no atrae, que su momento pasó.

Los dos triunfadores, el favorito F. Hollande (32´8%) y Martine Aubry (30´6%) se ven las caras en la televisión en la noche del miércoles. Ambos se congratulan del éxito de participación de las primarias, unos 2´2 millones de votantes, gracias en buena medida a que han sido abiertas y no limitadas a los socialistas, los dos sostienen que esto no es un combate dentro de la izquierda, que el enemigo es Sarkozy pero será difícil que el torneo ante las cámaras de televisión sea de guante blanco. La señora Aubry, por ejemplo, no puede abandonar su tesis de que Hollande representa una izquierda “Light”, sin garra.

Dado que los partidarios de Segolene Royal parecen, en principio, algo más inclinados a votar a la señora Aubry, la clave de la elección la podría tener A. Montebourg al que hasta hace poco se le tenía por un candidato decorativo. Si sus votantes siguieran sus instrucciones, lo que es problemático, el podría decidir no sólo al vencedor definitivo de las primarias el próximo domingo sino, ante la encogida popularidad de Sarkozy, el futuro presidente de la República. Montebourg es un enemigo acérrimo de la globalización, defiende una idea que ahora nos hace tilín, la del control férreo de los bancos, y tiene alguna propuesta peregrina como la de reforzar el proteccionismo. En un país, como Francia, en que uno de cada cuatro empleos depende de la exportación la propuesta puede ser un boomerang. Ha emplazado a los dos vencedores a que se definan sobre lo que el ha avanzado y Hollande y Aubry en estos momentos no tienen más remedio que hacerle guiños.

Las abiertas y exitosas primarias socialistas francesas contrastan con el procedimiento que, evitándolas, han seguido aquí sus correligionarios. Es posible que los rubalcabinos pensaran que en las primarias el diablo las carga. El ejemplo de Madame Segolene les da la razón.