Los despilfarros de los políticos

Leer las cifras de la deuda heredada por el nuevo gobierno de Castilla la Mancha o por varios municipios madrileños debería poner los pelos de punta, pero la inmensa mayoría gente parece haberse acostumbrado al despilfarro de nuestros políticos y ha perdido la capacidad de reaccionar. (Los indignados de Mayo aquí sí tienen un buen argumento). La mera mención del asunto significa que te has politizado. Si comentas que te parece insólito que los regidores socialistas de Alcorcón dejaran una deuda de 250 millones de euros parece que le estás haciendo la campaña al PP. Que la vicepresidenta del Gobierno recriminase a la flamante presidenta de Castilla la Mancha por revelar públicamente que la deuda que le había dejado su predecesor era mucho mayor de lo que se pensaba porque, decía la vicepresidenta, eso creaba alarma en los mercados internacionales te llena de estupor. ¿Qué podía hacer la señora Cospedal, empezar a hacer recortes y que los ciudadanos de Castilla la Mancha pensaran que era un capricho de alguien de la derechona y no una exigencia porque la han dejado sin un duro y con un montón de recibos sin pagar?

En Estados Unidos, una encuesta Gallup muestra que los habitantes de aquel país piensan que el Gobierno despilfarra como mínimo la mitad de lo que recauda. Por hacer programas innecesarios o por realizarlos ineficazmente. La nota que da a las diferentes Administraciones coloca al Gobierno de Washington como el más derrochón (malgasta, opinan, 51 centavos de cada dólar, seguido de los gobiernos regionales, 42 centavos y municipales, 38). Sería interesante conocer la percepción que tiene los españoles sobre lo manirrotos que son nuestros diferentes poderes públicos. Desde luego abundan los regidores con proyectos faraónicos o inutilizados (aeropuertos insólitos, 180 millones de euros para un Centro de Creación de las Artes en Alcorcón…) y la proliferación de asesores, coches oficiales, móviles gratis, despachos que se remodelan lujosamente sin cesar, viajes aparentemente superfluos o discutibles, carísimos, con séquitos imperiales(los de la vicepresidenta de la Vega a Nueva York), comidas incesantes en restaurantes de lujo…la lista es larga. La dieta de Cospedal, con ésta o aquella variante, me dirán de nuevo que estoy haciendo política, se impone. La cosa no da para más. Parafraseando a Obama podemos decir, esto no son ajustes o recortes, esto son matemáticas.

Reducidos los gastos suntuarios, eliminados todos los organismos superfluos, los políticos deberían aclararnos si esta eliminación de cargos, de comidas innecesarias y gravosas etc… bastará para que salgamos, a nivel nacional o local, del hoyo en el que estamos. ¿Puede el Estado español y los europeos seguir proporcionando las prestaciones que vienen dando? Antes o después de las elecciones, la respuesta es importante.