Hipocresías de Occidente… y de Oriente

Entre lo que está apareciendo en los escombros de Trípoli hay cosas picantes. Una que hace ruido es la que muestra algo que ya se sospechaba, la colaboración de los servicios de inteligencia de Guedaffi con la CIA y el M-16 británico.

Aunque el hecho sea llamativo no debería ya sorprendernos. Se sabe que Guedaffi, habiendo notado lo que ocurría con Sadam Husseim, cambió su curso y comenzó a cooperar con Occidente. Para congraciarse con Estados Unidos demostró que destruía su programa de destrucción masiva. Acto seguido, se lanzó a dar información sobre Al Queda. Un maná, del cielo, en definitiva, para los servicios estadounidenses. Lo que se revela ahora, gracias a “Human Rights Watch” que ha pasado el material al “Wall Street Journal”, es que las agencias de espionaje yanqui y británica entregaron a determinados sospechosos a las autoridades libias indicándoles las preguntas que debían formularles.

Las respuestas, lamentablemente, serían obtenidas en pura lógica con la tortura. En Gran Bretaña hay un pequeño remolino, se crea una comisión de investigación y el gobierno conservador sostiene que él está limpio, que son actos realizados cuando los laboristas de izquierda estaban en el poder. La prensa progre, sin defender a los laboristas, tacha a los conservadores de hipócritas dado que cuando brotaron los rumores sobre el sucio asunto, los conservadores, en la oposición, no hicieron el menor gesto para aclarar la verdad.

Para que las acusaciones de falta de ética no afecten sólo a los malvados occidentales surgen también noticias que apuntan a la doblez de los orientales. El Consejo de transición libio acusa a empresas de armamento chino de ofrecer material a Guedaffi cuando éste había sido condenado por la ONU y su régimen estaba embargado (Resolución 1970). Se trataría de misiles antitanques, que llegarían a través de Argelia o Sudáfrica, por valor de 200 millones de dólares. Las autoridades chinas lo niegan categóricamente, aunque no dan muchas explicaciones y admiten que hubo compradores de Guedaffi en Pekín, pero dada su lentitud en reconocer a los nuevos dirigentes y que continúan creando problemas al desbloqueo de los fondos de Guedaffi que deberían pasar al nuevo gobierno la desconfianza libia hacia ellos es manifiesta. No es extraño que los franceses, que han capitaneado la ayuda a los rebeldes, obtengan suculentas promesas petrolíferas.

Rusia también tiene una conducta éticamente vidriosa. No nos referimos a sus reticencias hacia la nueva Libia sino a su conducta en Siria, ha torpedeado la adopción de resoluciones en la ONU, criticado las sanciones que se han impuesto a Assad y hace unos diez días aún vendía armas a un régimen que está disparando contra su pueblo, un pueblo que sólo pide democracia. Indignarse por la violación de los derechos humanos en el exterior no es algo que preocupara a la Rusia de Breznef ni que preocupe a la de Putin.

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