Gadafi aún tiene amigos

El fugitivo y caído Gadafi sigue dividiendo a los gobiernos mundiales. Las tomas de posiciones son en algunos casos sorprendentes. Mientras Chaves y los hermanos Castro continúan profiriendo improperios contra la Otan y, en cierta medida, defendiendo a Gadafi -hay quien dice que acabará emergiendo en Caracas- los dirigentes de Irán, hecho curioso, han abrazado pronto la causa de los rebeldes. Se han congratulado de su victoria y, a semejanza de Sarkozy, se han apresurado a invitar a su líder más conocido.

En La Unión Africana cunde el desconcierto. Un número abundantes de sus miembros resiente la intervención occidental. Argumentan que los europeos les dicen que los problemas africanos deben ser resueltos por los africanos. Sin embargo, cuando surge uno importante lo arreglan ellos con bombardeos. Los africanos quejumbrosos olvidan recordar que ellos no hubieran nunca metido en cintura a Gadafi cuando el líder libio se disponía a aplastar sangrientamente el levantamiento popular de Bengazi. No sólo no tenían los medios sino que una porción considerable de ellos carecía de la voluntad política, Gadafi había sido magnánimo con la Unión Africana, también con los gobernantes de algunos países y, por último, no faltaban, Zimbabue es un ejemplo, los que desconfían de cualquier movimiento popular o democratizador porque saben que acabaría prontamente con su reinado de décadas.

Argelia es un caso especial. Ha mantenido unas espantosas relaciones con el CNT libio, es decir el conglomerado que ha derrocado a Guedaffi, desde que se inició la revuelta libia. Cuando la Liga Árabe apoyó la resolución de la ONU que sancionaba la intervención en Libia fue, con Siria, Sudán y Yemen, el que votó en contra. Ahora ha acogido a la mujer y a tres hijos del dictador y cerrado la frontera con Libia. Los nuevos dirigentes de esta nación reclaman a los huidos y braman contra Argelia. “Responderá un día de su actitud”, pregonan.

Las reticencias argelinas tienen diversas explicaciones. Temen, después de los casos de Túnez, Egipto y ahora Libia, el contagio. Lo han contenido por el recuerdo fresco en su población de la guerra contra los islamistas que asoló el país no hace mucho y recurriendo a amplias subvenciones para la cesta de la compra. Desconfían, por otra parte, de la composición del CNT libio. Creen que está fuertemente contaminado con elementos fundamentalistas. Eso es como el cólera para los dirigentes de Argel. Por último hay quien dice que el gobierno argelino lleva tiempo paralizado diplomáticamente por las luchas intestinas para suceder al Presidente Buteflika.

En la opinión pública argelina, consciente de que hasta su rival Marruecos ha reconocido al CNT, se extiende un sentimiento pro libio. El periódico Al Watan sentencia: “Argelia ha perdido una cita con la historia”.

Mientras en Libia, los nuevos dueños aseguran que los ajustes de cuentas realizados por sus soldados son hechos aislados pero advierten que si el pueblo natal de Gadafi no se rinde antes del sábado lo tomarán por la fuerza. La OTAN, de su lado, sigue reblandeciendo las defensas pro Gadafi en esa ciudad.