Obama, Zara y Thiago

La vida cambia rápidamente. Valores intocables hace un par de años no tienen ahora mayor predicamento. El caso más evidente sería el de Obama. Ensalzado hasta el infinito en el 2009 vive a un año de su posible, pero no segura, reelección, horas bajas. Esta semana, mientras pronunciaba un discurso que intentaba tranquilizar a los mercados la Bolsa de Estados Unidos se desplomaba.

Otro ejemplo sería Tiger Woods. El golfista, codiciado hace poco por las empresas, no levanta cabeza. No ha ganado un torneo desde el escándalo de sus infidelidades matrimoniales y se anuncia que los relojes Tag Hauer lo dejan caer. No renovarán el contrato de patrocinio por el que el deportista ingresaba 6 millones de dólares.

En nuestro país, los papeles también están cambiados. Como diplomatico comprendí que teníamos que esforzarnos en difundir la marca “España”. Y, huyendo de los tópicos, como la sangría y la pandereta, ¿que mejor forma de hacerlo que pregonando la fortaleza de nuestras mejores empresas? Pues bien, leemos en un largo artículo en el Financial Times que en estas fechas los ejecutivos de las grandes firmas españolas se meten el patriotismo en el bolsillo y se esfuerzan en que los inversores internacionales no se percaten de que sus compañias son españolas. Las razones de esta falta de patriotismo es que, para los analistas internacionales, “España simboliza el fiscalmente alocado margen sur de la eurozona“. “Sus perspectivas de crecimiento a corto plazo son pobres”.  Si el articulista fuera español, no lo es, se trata de Victor Mallet, el corresponsal en Madrid del diario londinense, nuestro presidente del gobierno lo crucificaría como antipatriota y vendepatrias. Siendo británico puede reflejar, sin temor a ser vituperado, lo que piensan los mercados. Por otra parte, arguye Mallet, las companies españolas que cita, Telefónica, Inditex, Santander y BBVA, no están mintiendo cuando “reniegan” de su españolismo. En realidad, todas estas empresas tienen un volumen de negocio en el extranjero superior al que realizan en España.

Mundo diferente es el del fútbol. Ahí molamos. No me estoy refiriendo a que un jugador del Sporting haga titulares hasta en Francia diciendo que se retira porque el planeta fútbol está podrido hasta la médula y se encuentra invadido por el capitalismo, sistema que él detesta visceralmente.Tienen epítetos poco amables hacia los bancos. Lo que quiero resaltar es que un brillante jugador barcelonista que podría optar legalmente entre jugar en la selección brasileña o en la de España ha optado por la nuestra. Algo insólito, inimaginable en el pasado reciente. Estamos hablando del conjunto brasileño no sólo el de más trofeos sino el que tradicionalmente cuenta con más simpatías en toda la faz de la tierra. Lo que significa no ya que el jugador Thiago, un fenómeno a sus 20 años, tiene su corazoncito y le gustamos sino que Brasil no es lo que era y España futbolísticamente, es, hoy por hoy, lo que siempre soñamos que fuera. Lo que no es caso de nuestra economía.