Las flotillas humanitarias

No sé si he contado en estas páginas que no pocos españoles que tienen un accidente en el extranjero se despiertan en la cama de un hospital y, con frecuencia, exclaman quejumbrosamente: “¿dónde está el cónsul de España?, ¿cómo es que no ha venido?”. Ese compatriota nuestro no tiene muy en cuenta que, a lo mejor, su hospital se encuentra a unos 1.400 kilómetros de donde vive el cónsul y que éste puede no tener entre sus prioridades, aunque el hospital esté sólo a 100 kilómetros, el acudir a pasar un rato con un compatriota que se ha fracturado una pierna y un brazo pero que está discretamente atendido y cuya vida no corre peligro. El español en el extranjero, al no hablar idiomas, no tiene las ideas claras sobre la gravedad de su caso, a menudo no lo es, y sobre las ocupaciones o medios económicos a disposición del cónsul.

Salvando las distancias, los españoles de la flotilla humanitaria de Gaza cuyo barco es detenido por las autoridades griegas me recuerdan a ese accidentado compatriota. Los participantes hispanos de la flotilla, en su celo y ardor humanitario, han tenido la ocurrencia de ocupar nuestra Embajada en Atenas. No sabemos si van a acampar allí y empecinarse en que se marchen algunos pero un retén se queda, sí o sí, en la misión diplomática. Es posible que hayan razonado: si los gobernantes helenos impiden salir a la flotilla por no crearle serios problemas a Israel o porque se percatan de que la flotilla no llegará a su destino y puede ser repelida por la fuerza en las cercanías de Gaza, ¿por qué no invadir la representación española dado que el gobierno de Madrid es tan calzonazos que no obliga a los griegos a dejarles navegar? ¿Por qué no con las cosas que estamos viendo estos días?

La ocupación de la Embajada sólo puede tener un objetivo publicitario, el de llamar la atención. Los humanitarios no van a conseguir mucho y sí van a impedir que la Embajada se ocupe de otras cosas, por ejemplo de asistir a otro compatriota que se encuentre en situación más dramática.

Lo del afán publicitario tiene bastante que ver con la creación de la flotilla, sobre todo desde que Egipto abrió la frontera y Gaza ya no está férreamente aislada. Hace unos meses los miembros de una ONG catalana que habían sido rescatados por nuestro Gobierno después de ser raptados por unos terroristas islámicos en el norte de África se disponían a organizar otro convoy humanitario en parecidas condiciones. Era una total estulticia. Los raptados habían sido recuperados con dinero público, con dinero que había salido de los contribuyentes. A pesar de todo, bravamente, querían repetir la experiencia con lo que podría darse el hecho estúpidamente cantinflesco de que fueran secuestrados de nuevo, hubiera que negociar otra vez su rescate, con dinero del contribuyente, y a empezar de nuevo.

Lo de la flotilla, y escribo esto desde la comprensión del sufrimiento palestino y desde el convencimiento de que Palestina tiene el derecho a existir como Estado exactamente igual que Israel, deben saber que Israel no va a permitir que pasen los barcos. Será injusto pero no los va a dejar pasar porque el precedente sería funesto para su política, saben que el bloqueo está en buena medida roto por el cambio de postura de Egipto, que Grecia y Turquía, dos simpatizantes de la causa palestina, no comulgan con el envío de la flotilla… Sin embargo persisten en su empeño. ¿No leen la prensa, no conocen la situación internacional o quieren a toda costa, independientemente de sus buenos sentimientos, crear un incidente internacional que aparezca en todos los medios de información y les de protagonismo? ¿No recuerdan que la anterior algarada publicitaria, cuyo desenlace era previsible, se saldó con varios muertos? ¿Quieren pagar ese precio para sacarle leve y fugazmente los colores a Israel cuando países como Turquía, Grecia etc… no están por la labor?

Sobre el autor de esta publicación