La ONU y la represión en Siria

Unas 1.600 personas han perecido en Siria desde que se iniciaron los disturbios contra el régimen autocrático de Assad. Unos 1.300 manifestantes a los que, a veces, se ha disparado como a conejos pero también unos 300 agentes del orden. No se sabe exactamente si estos han muerto en enfrentamientos contra los manifestantes o abatidos por otros militares al haberse negado a hacer fuego contra los civiles. Las informaciones que se filtran desde aquel país son muy incompletas por la censura del régimen y las trabas impuestas a los periodistas.

En todo caso, la situación es lo suficientemente grave como para que, después de lo ocurrido en Egipto, Túnez y Libia, la comunidad internacional no cierre los ojos. La desestabilización de Siria puede crear problemas a Israel, Turquía, Líbano… pero la violencia represiva del régimen y el giro cruento que han tomado los acontecimientos han hecho que países vecinos y un buen número de occidentales en donde los abusos sangrantes de una dictadura son resentidos piensen que hay que hacer algo.

El tema ha ido finalmente a Naciones Unidas donde una resolución balbuceante presentada, como de costumbre, por varios occidentales, Gran Bretaña, Alemania, Portugal… declararía su preocupación por lo que acontece en Siria y condenaría verbalmente a su régimen. Pero va a ser que no. China y Rusia, naciones y sistemas donde no quita el sueño leer que en un país X del globo se sofocan con fuerza los derechos humanos, no están por la labor. Empezaron mostrando sus reticencias a la adopción de cualquier medida. Cuando la resolución podía cuajar uno de ellos, Rusia, ha ido más lejos. El presidente Medvedev anuncia que su gobierno se opone y que, en consecuencia, la vetaría. Rusia es miembro permanente del Consejo de Seguridad y uno de los cinco países que tiene ese insólito derecho.

El dirigente ruso argumenta que está escaldado, que con Libia se aprobó una resolución para proteger a la población y los “occidentales” la han utilizado para bombardear el país. En otras palabras que han hecho un uso no previsto del texto.

Los escrúpulos del presidente ruso son discutibles. Uno puede preguntarse cómo se protege una población desvalida, la de Libia, sin atacar al gobierno que la está aplastando. Su actitud, sin embargo, plantea una pregunta de mayor calado. Me estoy refiriendo al poder omnímodo de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Si los otros catorce miembros de ese órgano y la mayor parte de los países de la comunidad internacional se mostrasen dispuestos a aprobar una resolución sobre Siria, o sobre lo que sea, ¿tiene la menor justificación que la voluntad soberana de un solo país, en este caso Rusia, pudiera impedir que se actúe al convertir la acción, con su veto, en ilegal? ¿Puede el veto de un solo país paralizar a la sociedad internacional? La cosa en el siglo XXI no tiene ni pies ni cabeza.

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