Obiang y sus millones

La primavera árabe ha recordado que los tentáculos de muchos autócratas no sólo llegan lejos en el terreno político sino en el económico. Hay pruebas de que mientras su pueblo pasa masivamente hambre el dictador de Corea del Norte es un gran importador de bienes de lujo para él y la “claque” que le rodea. El hijo de Sadam Hussein atesoraba en un garaje unos ochenta vehículos de buenas marcas y la familia política del depuesto presidente tunecino Ben Ali estaba metida abusivamente en multitud de negocios del país. A mayor cerrazón del sistema mayor corrupción.

Ahora, el periódico francés “Le Monde” recoge un hecho revelador sobre la fortuna de algunos dirigentes africanos desde el gabonés Bongo hasta el congolés pasando por “nuestro”  Teodoro Obiang. Es lo que más nos interesa.

Resulta que el hijo de Obiang, los dictadores son humanos y tienen debilidad por sus vástagos, en la Corea comunista y en Libia ocurre igual, es un enamorado de los coches de lujo y, transitando por las aduanas francesas, en el año 2009 importó 26 vehículos de postín (4 Rolls-Royces, 7 Ferraris, 1 Porsche, 5 Bentleys, 4 Mercedes etc…) amén de seis motos también de tronío. No hay ningún panda ni ningún Suzuki modesto en la lista. En el 2010 añadió otro Ferrari y otro Bugatti a la lista. Quizás no tenía los últimos modelos, los caprichos de los pudientes son insondables.

El vespertino francés apunta que los Obiang también se han cubierto las espaldas en inmobiliaria. Tienen una casa en la lujosa Avenue Foch de Paris, otra en Malibú, la zona de las estrellas de Hollywood, y otras cuatro que se sepa, en otros lugares del mundo. Habría que preguntarse, como hicieron muchos tunecinos, que ingresos tiene el guineano medio frente a la opulencia de sus dirigentes y hacer cábalas sobre la suerte que ha tenido la familia Obiang con que en su gran finca guineana se hubiera descubierto petróleo. El retoño de Obiang también es aficionado al arte. Entre otros objetos de valor adquirió ese año una figura de hermafrodita en bronce por la que pagó tres cuartos de millón de euros. Es dudoso que haya ido a parar al museo nacional de Guinea.

Lo curioso es que Michel Mael, fiscal general adjunto de Francia haya parado una investigación que, al pasar los bienes por Francia, estaba en marcha para aclarar la corrupción. Francia, con cualquier gobierno en el poder, siempre ha protegido a sus antiguos vasallos africanos. Guinea Ecuatorial parece incluirla ya en ese capítulo.

Más inquietud me deja que el delfín de Obiang, es obvio que desprecia los Seat, no adquiera nada en España ni siquiera un cortijo en Extremadura o un chaletito en la Costa del Sol o en Mallorca. ¿No le gustamos? ¿Lee demasiado la prensa extranjera y le obsesiona nuestro diferencial con Alemania y las contradicciones de Zapatero? ¿Ha perdido confianza en la economía española?

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