El macho francés reflexiona

El escándalo de Strauss-Khan está agitando las aguas políticas y sociales francesas. Es sabido que más de la mitad de los franceses creen que todo el asunto es un montaje de los enemigos del político( en los militantes socialistas galos el porcentaje de que los que coligen que Strauss K. ha caído en trampa alcanza un delirante 70% lo que, conociendo el pasado retozón y tocón del político, resulta bastante sorprendente, gente de izquierdas abrazando rápidamente la postura de un patricio de los suyos frente a la de una modesta mujer sin recursos), pero surge de forma pujante un debate que es un examen de conciencia de la sociedad gala.

En Francia, se dice, ha dominado durante mucho tiempo la identificación de poder con virilidad. La sociedad ha sido demasiado complaciente con el macho dominante sobre todo si este tiene el poder político o económico. En el subconsciente colectivo, el apetito sexual desaforado de los señores era visto como algo más normal que el del villano de a pie. Como escribe “Le Nouvel Observateur”, Francia, que se enorgullecía de ser la patria del romanticismo, del amor galante y de la seducción, se “descubre ahora como patria del derecho de pernada”. El caso Strauss-Khan puede ser un punto de inflexión. “La sociedad francesa”, se concluye, “tendrá que interrogarse sobre las relaciones entre los dos sexos”. Las feministas están de enhorabuena y se recuerda que en una sociedad proclamadamente igualitaria como la de nuestros vecinos, el Parlamento sólo cuenta con una quinta parte aproximadamente de legisladores femeninos (18´5% en la Cámara y 21´9 en el Senado) y en el Gabinete sólo 30% son mujeres (cifras inferiores a las españolas)

Mientras tanto en Estados Unidos donde abundan los artículos satirizando el supuesto modernismo de los franceses (“el derecho sexual de viejos impresentables” comenta el “New York Times”), avanzan los pasos preliminares del proceso D. Strauss-Khan. Sus protagonistas saltan a la fama. El fiscal C. Vance, hijo del antiguo Secretario de Estado, es persona honesta, preparada y del que se dice que “no puede perder este caso”. El abogado defensor B. Brafman, cuyos honorarios deben ser monstruosos, se ha hecho un nombre salvando a personalidades conocidas. En cuanto al abogado de la víctima, de la hasta ahora oculta camarera guineana, el letrado K.Thompson también alardea de haber conseguido la condena de gente de campanillas y de haber obtenido indemnizaciones de 6 millones de dólares. Que la modesta guineana obtenga defensores de postín no debe extrañarnos. El abogado entrará en todas las televisiones yanquis, lo que es una publicidad inapreciable, y en aquel país los colegiados perciben con frecuencia, un porcentaje jugoso del dinero obtenido.

Ahora empieza lo que vemos en las películas. La criba de los jurados por la defensa y la acusación. Técnica delicada, en contra de lo que se cree, por ejemplo, las mujeres del jurado no son invariablemente más comprensivas hacia las alegadas víctimas de violación. Luego, el acusado francés tiene una garantía que destroza muchas diatribas contra el sistema judicial americano. Los doce jurados del proceso penal deben considerarlo culpable unánimemente. Deben estimar que es culpable “más allá de cualquier duda razonable”, es decir, con certeza casi absoluta. Los doce. En el proceso civil, si lo hubiera, el sistema es diferente. Los jurados deben creer que, en principio es culpable, es decir que hay más posibilidades de que lo sea que de que sea inocente.

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