¿Qué fue de Libia, Egipto y Túnez?

La comedia de las primarias socialistas con el dedazo encubierto que no lo mejoraría el PRI mejicano, amén del eco producido por el movimiento de los “indignados”, y el que van a producir dado el berrinche creciente de comerciantes y hoteleros de la Puerta del Sol indignados contra los “indignados” al ver mermar seriamente sus ingresos con la prolongación desmesurada de la acampada han robado espacio a los acontecimientos del norte de África. Sin, embargo allí siguen ocurriendo cosas.

Nadie sabe exactamente hacia donde van Egipto y Túnez. Los pesimistas piensan que la primavera política en esas dos naciones puede convertirse en invierno dados los problemas económicos (el turismo tarda en volver) y la incógnita de la verdadera fuerza de los movimientos islámicos no democráticos. El centro de atención, con todo, continúa siendo Libia en donde se libra una guerra cruenta y costosa en la que estamos envueltos aunque nuestro gobierno prefiera llamarla de otra forma.

El conflicto se ha dilatado en el tiempo, mucho más de lo que se imaginó al principio cuando se creyó erróneamente que Gadafi, ante el inicio de los bombardeos de la Otan, tiraría pronto la toalla. No fue así aunque ahora parece que empieza a pensar en hacerlo.

La razón es doble. Aunque su armamento sigue siendo infinitamente superior al de los rebeldes la intermitente pero sostenida acción de la Otan está desgastando diariamente su potencial. Con la paulatina merma de sus efectivos el régimen puede aún resistir, quizás no por mucho tiempo, porque la coalición internacional tiene el corsé legal de no poder poner tropas sobre el terreno. Por otra parte, el aislamiento internacional aumenta. Rusia, abucheada en las zonas rebeldes por su abstención en la ONU, dio un paso hace días en el G-8, admitió que Gadafi “ha perdido toda legitimidad y debe dejar el poder”.

Más importante aún son las dudas africanas. Muchos países del continente resienten que después de la intervención occidental en Costa de Marfil, las potencias europeas practiquen la “injerencia” en Libia. En varias de las capitales africanas, Mali, Chad etc.…la largueza inversora y personal de Gadafi le ha creado una clientela, pero algunos dirigentes ven con disgusto los métodos represivos del libio, otros barruntan que dentro de poco será un cadáver político. Se ha filtrado una conversación telefónica entre el Presidente de Senegal Wade y el líder libio en la que el senegalés le recrimina los disparos sobre la muchedumbre y rechaza las patrañas de que los insurgentes están manipulados por Al Queda. Wade parece decirle que no le cuente más cuentos chinos. Senegal y Gambia han reconocido a los insurgentes.

La Organización de la Unidad Africana toma de nuevo cartas en el asunto. El Presidente sudafricano Zuma ha llegado a Trípoli para mediar en el conflicto. Gadafi afirma, no se sabe si una vez más de mentirijillas, que está dispuesto a decretar el alto el fuego. El reloj, sin embargo, parece lentamente ir en contra suya. Obama y Sarkozy han manifestado que debe marcharse ya y los rebeldes de Bengasi, envalentonados con los nuevos mazazos de la Otan y el anuncio de la entrada en escena de helicópteros eficaces de los aliados repiten con fuerza: la permanencia de Gadafi no es negociable. La historia avanza y, dentro de poco, habrá que mirar a Siria donde la situación es política y estratégicamente bastante más compleja.