La cacofonía aliada es buena para Gadafi

El dictador libio ha sufrido un buen embate pero no está derrotado. Los golpes de los misiles estadounidenses y de la aviación franco-británica han destruido buena parte de sus defensas antiaéreas, un puñado abundante de tanques han sido pulverizados…, el panorama, con todo, es incierto.

La dificultad principal no es la división latente entre los participantes. Esta es una mera consecuencia de la delicada redacción de la ya tan mencionada resolución 1737. Para que Rusia o China no la vetaran hubo que suavizar enormemente el texto. Ese endulzamiento implica que los aliados no pueden enviar tropas sobre el terreno, algunos de ellos se alegrarán de tener ese corsé legal, y, sobre todo, que no pueden fijarse como objetivo primordial el derrocar a Gadafi.

La situación es paradójica. ¿ Cómo se puede proteger a la población libia, objetivo declarado de la guerra, si no se expulsa al dictador que los está oprimiendo, que ha disparado contra una manifestación y que los oprimirá aún más si permanece en el poder? Todos los portavoces occidentales repiten en voz alta que la meta del ejercicio violento no es la deposición del dictador, todos sabemos, sin embargo, que esto es paralenguaje, que su desaparición acortaría enormemente la guerra y constituiría la solución a la primera parte del problema. No es descartable un posible empantanamiento de la situación sobre el terreno, Gadafi ya no puede avanzar sobre Bengasi o cualquier citada ocupada por los sublevados, pero éstos con solamente el apoyo aéreo de los aliados difícilmente podrán deponer al déspota.

Gadafi, mientras tanto, piensa que el tiempo le favorece. Si los aviones aliados no logran pronto y rotundamente no sólo neutralizar sus aviones sino también sus tanques, misiles etc… él colige que las divisiones en el seno de los atacantes crecerán, las opiniones públicas de los países intervinientes empezarán a resquebrajarse haciendo preguntas, aparecerán imágenes reales o trucadas de víctimas civiles causadas por la coalición-el dictador no vacilará en colocar sus tanques en zonas densamente pobladas ni en inventarse unas fotos truculentas-, surgirán, entonces voces que pidan que se negocie con el libio.

Es complicado explicar que se puede negociar con Gadafi fuera de su marcha. Imaginar que se quede, después del esfuerzo económico y político que se ha hecho, amén de la situación desesperada en que quedarían los sublevados, es un escenario pesadillesco. Si se ve machacado militarmente, si se percata de que ha llegado un momento en que su armamento escasea y en que la ola de los sublevados, envalentonada de nuevo, puede sumergirlo y pedir su cabeza pedirá árnica y negociará su exilio. Para ello, con todo, es imprescindible que mire alrededor y se vea prácticamente inerme. Por el momento, no lo está.

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