Wikileaks muestra el trasero de nuestro gobierno

Varios políticos y abundantes comentaristas sostienen que las filtraciones reveladas por Wikileaks subrayan una vez más la doblez y las insidias de la diplomacia de Washington.

Siento, en buena medida, disentir. Lo que ponen a menudo en evidencia es la  extraña conducta de muchos  gobiernos. Los diplomáticos estadounidenses porfían por seguir las instrucciones de sus superiores y, me atrevería a decir, que los que hemos servido en el cuerpo diplomático no nos apartamos, en un 90% de lo descrito, de las pautas de comportamiento de nuestros colegas yanquis. Lo que ocurre es que su capacidad de persuasión, por razones obvias, es un pelín superior a la nuestra.

Más con el trasero al aire, repito, quedan los diferentes gobiernos. Nuestro caso es un buen ejemplo. Estados Unidos presionaba insistentemente para que no vendiéramos las corbetas a Venezuela. Natural. Para ellos Chaves es la bicha, un nuevo Castro, y no quieren que se arme en exceso, piensan que puede entrar en una competencia con su aliado Colombia, y más aún con unos barcos que iban a llevar componentes de Estados Unidos. Pensar que las corbetas podrían ser enviadas a Venezuela con cualquier añadido estadounidense era una ingenuidad total de nuestro Ejecutivo. Que los cables muestren las luchas internas de nuestro gobierno y cómo Bono se llevaba el gato al agua ante Moratinos son cotilleos de altura que no empañan a la diplomacia estadounidense.

Más revelador aún es el caso del Sahara. No hay mayor perfídia de los diplomáticos yanquis. Hay la confirmación de algo que ya habíamos revelado en esta columna porque fui testigo de ello en Nueva York durante mi cargo en la ONU a los pocos días de llegar Zapatero al poder: el nuevo gobierno socialista daba un giro trascendental a nuestra política exterior en el tema del Sahara y de nuestras relaciones con Marruecos. Por razones que Zapatero o Moratinos explicarán en sus memorias el Gobierno desde el primer día, y rompiendo con la tradición de la democracia y con las múltiples proclamas del PSOE de Felipe González, decidió meterse en la cama con Marruecos e instar al Polisario a que fueran buenos chicos y se incorporaran  al país vecino. Moratinos daba instrucciones para que no se utilizaran los términos de “soberanía e independencia” y se sustituyeran por “autonomía y autogobierno”(dentro de Marruecos).

Lo curioso no es ya que el Gobierno rompiera la política española, dejando al Polisario en la estacada, sino que se embarcara en esa vía meses después de que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara unánimemente el Plan Baker que pedía que se diera a los saharauis la oportunidad de escoger libremente entre incorporación a Marruecos, autonomía e independencia. Vivir para ver.

Por qué el tándem “Zapatinos” optó tan prematuramente en ayudar a Marruecos a enterrar el Plan Baker es un misterio. No puede ser sólo por llevarle la contraria a Aznar pero quien sabe. No es raro, en consecuencia, que los saharauis se sientan traicionados y echen de menos al dirigente del PP.

Otra ocasión en que las filtraciones ponen de relieve “incongruencias”, dobleces para algunos, de los gobiernos. Y no de la diplomacia yanqui.