El Mundial de fútbol o la sombra de Putin es alargada

Tony Blair mostró el camino con su persuasión y su hábil gestión para lograr los Olímpicos. Lo describe bien en sus memorias, se desplazó con anticipación al lugar donde se votaba, “madrugó” a Chirac y a otros contendientes, lisonjeó, prometió esto y aquello y se llevó el gato al agua. Los Juegos del 2012 se marcharon a Londres.

Ahora, para los Mundiales de fútbol del 2018 hay otra carrera en la cumbre. Cameron, Putin, Zapatero etc… todos estarán en Zurich mañana elogiando las virtudes de sus países. La candidatura hispano-portuguesa es buena, tal vez objetivamente la mejor, pero estas decisiones, como es sabido, no se toman solo en base a criterios objetivos. Los 22 budas de la FIFA que han de escoger el país ganador tienen en cuenta otras consideraciones algunas de ellas no totalmente santas.

En esta ocasión los cambalaches pueden aumentar. La cantidad de millones que hay envueltos en el campeonato, la FIFA ingresó 3,200 millones de dólares al mismo arrancar el Mundial de Sudáfrica, rebasa lo imaginable y alguno de los miembros del comité votante puede ser captado con prebendas de uno u otro tipo. Ya hay dos, los representantes de Tahití y Nigeria, suspendidos, se les acusa de haber sido sobornados con millones de dólares. La sospecha flota sobre algún otro. Además, este año, la FIFA ha decidido adjudicar simultáneamente los campeonatos del 2018 y del 2022, uno presumiblemente a Europa y el segundo a otro continente. El agrupamiento, debido a que la FIFA piensa que haciendo un lote conseguirá mejores ingresos televisivos, favorece las componendas y el trueque de votos (yo te apoyo para 2018 si tú me apoyas para el siguiente). Esto está prohibido por la FIFA pero algún miembro del comité, el de Qatar, por ejemplo, no vacila en admitir que los intereses de su país son absolutamente prioritarios.

Para el del 2018 los contendientes son: Inglaterra, Rusia, España-Portugal y Holanda-Bélgica. Se cree que a la FIFA no le entusiasman las candidaturas conjuntas, no debió quedar encantada con la experiencia de Japón-Corea, pero la proximidad de España y Portugal y el hecho de que tengamos ya construidos el mejor ramillete de estadios puede jugar a nuestro favor. Nuestra hospitalidad y la importante red hotelera luso española también. Nuestros enemigos alegan soterradamente que dada la crisis económica de los dos países ibéricos será difícil que el AVE Madrid Lisboa esté listo para ese año. Este escollo palpable no debería per se dejarnos fuera.

Uno pensaría que la balanza debería inclinarse o hacia Inglaterra (el campeonato celebrado allí, el de Eusebio que acabaron ganando los ingleses frente a Alemania, se remonta a 1966) o hacia los ibéricos. Pero el pescado no está vendido. El candidato sorpresa podría ser Rusia. Por varias razones: nunca ha sido sede de un Mundial, es un país poderoso, tierra de promisión futbolística algo que comercialmente hace tilín a la FIFA. Rusia tiene unos 148 millones de habitantes, la asistencia de espectadores a los estadios es mediocre, una media muy inferior a la española, y la celebración del campeonato puede ganar conversos y ampliar el mercado del fútbol. Por otra parte, otro sueño de la FIFA, el campeonato implicaría allí la construcción de varios estadios, la modernización de las estructuras de transporte y hoteleras. A la FIFA le encanta dejar esto como herencia, que luego varios de los estadios construidos, con un costo considerable, sean permanentemente infrautilizados no es problema de su incumbencia. Lo es del contribuyente sudafricano ruso.

Finalmente, los rusos tienen otra carta valiosa, Putin. El hombre fuerte de Rusia quiere conseguir el campeonato, el presidente de la FIFA Blatter ha llegado a decir que es “difícil negarle algo a Rusia si se empeña” y los rusos, si el bueno de Putin está detrás, habrán echado el resto con razones como las apuntadas y con otras más persuasivas de todo tipo. Les sobran los medios y la voluntad.

En el edificio de cristal de la FIFA en Zurich, “símbolo de nuestra transparencia”, dijo Blatter poco antes de que destaparan los escándalos de soborno, Jefes de gobierno, agentes de tráfico de influencias, lobbies… le harán la pelota a los 22 Budas de la FIFA que, valga la ironía en una época de transparencia, votan en secreto.

Putin parece que no habla inglés (de Zapatero no hablemos) pero conoce el alemán de su época de KGB en Berlín y su sombra es ciertamente alargada. Ojalá Villar y su colega portugués hayan hecho bien los deberes y Rusia tenga que esperar.