Excesos hacia, y de, Marruecos

Los medios de información españoles, muy sensibilizados con la situación en el Sahara y con la constante postergación de la solución del tema, han desenfundado las armas contra Marruecos en los acontecimientos recientes en El Aaiún.

Desde el primer día del estallido de este serio asunto los epítetos condenatorios, incluso truculentos, han aflorado con fuerza. Se afirma que ha habido una auténtica “masacre”, con “decenas de muertos”, con “torturas generalizadas”, con “caza” al saharaui, con “crueldad inusitada” de la policía marroquí, y con el “asesinato” de un español etc… Todo ello en un territorio en el que hace la ley un rey “sátrapa”.

Aún parecido obvio que las fuerzas marroquíes han cometido excesos, una buena parte de los calificativos condenatorios proferidos en nuestros pagos deberían un tanto ser aguados. A la larga se conocerá si los marroquíes han cometido barbaridades generalizadas pero las conclusiones de nuestros medios parecen excesivamente rotundas y omnicomprensivas.

Nuestra actitud mediática contrasta con la francesa. Es sabido que París apoya sin fisuras a Marruecos en el Sahara, pero el independiente “Le Monde“, poco simpatizante de Sarkozy, relega el tema a dos columnas poco destacadas en páginas interiores en su edición del martes y, sin aplaudir la conducta marroquí, es cauto en sus apreciaciones. No hay apasionamiento apriorístico.

Lo que sí hay que poner en el gran debe de Marruecos, y no hay aquí interpretaciones aventuradas o tendenciosas, es que nuestro vecino no quiere aceptar las resoluciones de la ONU sobre el Sahara. Algunas de ellas aprobadas por unanimidad en el organismo. Es posible que Argelia, la gran adversaria de Marruecos en esta cuestión, haya echado leña al fuego de los disturbios y del enfrentamiento con los marroquíes pero que estos hayan surgido parece apuntar a que después de 35 años, hay saharauis, no en Tinduf sino en el Sahara que controla Marruecos, que no están contentos con su suerte.

Rabat alegará que son una minoría atizada por las intrigas y el dinero de Argel pero la incógnita de si son muchos o pocos se despejaría si Marruecos accediera a hacer lo que le pide no ya el Polisario o Argelia sino la comunidad internacional. La ONU en abundantes resoluciones y en una clarísima del julio del 2003 insta a que se aplique el Plan Baker, es decir que se permita a los saharauis decidir libremente entre: integración con Marruecos, autonomía o independencia. Marruecos no quiere acatarla manteniendo el status quo indefinidamente y esperando que el Sahara sea olvidado.

Nuestro gobierno practica una curiosa y sorprendente política. Apartándose claramente de la mantenida por los demás gobiernos de la transición, que no querían herir a Marruecos pero proclamaban que el Sahara no estaba descolonizado y que los saharauis tenían el derecho de escoger su futuro, el Ejecutivo de Zapatero, alumbrando lo que podríamos llamar “doctrina Zapatinos”, se inclinó sin ambages hacia las tesis marroquíes dando a entender que los saharauis deberían incorporarse a Marruecos. Algo que ha causado estupor y amargura en el Polisario.

El seguidismo actual oficial español de Marruecos explica la tibieza en la reacción de nuestro Gobierno ante lo que está aconteciendo, algo que, aunque no lo manifiesten abiertamente, debe tener con el estómago revuelto a varios políticos socialistas.