La política exterior de EEUU después de la paliza

Obama hace un largo viaje por Asia en el que espera redorar su maltrecha imagen. El principal objetivo, se proclama apresuradamente ahora, es conseguir exportaciones que creen empleo en Estados Unidos. El presidente ha repetido que la bofetada electoral del día 2 llegó fundamentalmente por razones económicas, por el alto desempleo… y no se equivoca.

Pero el viaje tiene obviamente aspectos políticos. En la primera escala, India, gigante con el que Bush creó una óptima relación que se desea mantener para contrapeso a China etc…, Obama, con buenas relaciones públicas, ha dicho que él no habría sido presidente sin la inspiración de Ghandi y afirmado que India debería tener un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Dos guiños ostentosos dirigidos a sus anfitriones aunque nunca llueve a gusto de todos, el Ministro de Exteriores de Pakistán, gran rival de la India, sale al paso sosteniendo que el tema es complejo y que, en definitiva, Obama debería ser prudente.

Surgen mientras las especulaciones sobre el margen de maniobra que le queda a Obama dado el control absoluto republicano de la Casa de Representantes. Todo no seguirá igual. Muchos de los republicanos conocidos que han ganado escaño en el Senado o la Casa son escépticos en relación a las bondades del internacionalismo (sostienen lo contrario que Doña Trini). No faltan los aislacionistas convencidos (Rand Paul, una de las nuevas vedettes) y bastantes republicanos no parecen sentirse cómodos en terrenos en que Obama había iniciado una apertura.

El papel de la ONU baja ostensiblemente. Hay senadores que, en una campaña en la que los temas internacionales han estado bastante ausentes, criticaban a su derrotado adversario demócrata acusándolo de querer entregar la soberanía de Estados Unidos a la ONU. La Organización internacional, por otra parte, tiene mala suerte con su agenda. Escasos días después de las elecciones, con el avance de los que cuestionan la eficacia onusiana, celebra una reunión de su Comisión de Derechos humanos en la que Irán, Cuba y Venezuela, van a pasar examen al respeto por Estados Unidos de esos derechos. Que semejantes países puedan juzgar a Estados Unidos en ese campo es un chiste total para cualquier formación o figura política estadounidense. Hasta un progre de aquel país habrá exclamado, “¿pero estos tíos de la ONU de que van?”

Con Cuba, la nueva situación no es alentadora. Bastantes miembros del “Tea party” han repetido que la mano tendida por Obama no ha servido para nada. Por si faltaba poco, la nueva presidenta del Comité de Asuntos Exteriores de la Casa es Iliana Ross Lehtinen una persona que se ha pronunciado por el asesinato de Castro.

Sube el papel de Israel. Los nuevos legisladores serán menos comprensivos, por ejemplo, con que Obama apriete las tuercas a Tel Aviv en la cuestión de los asentamientos, tienen mayor desconfianza hacia los Palestinos, etc.

Punto clave lo constituye Afganistán. Los republicanos son, en principio, receptivos a la idea de que no se puede abandonar el país. Se muestran más dispuestos a apoyar a Obama que un sector del partido demócrata que piensa que hay que reducir las pérdidas y largarse. Los republicanos, con todo, están obsesionados con reducir el gasto, la guerra es un inmenso agujero, y su soporte puede ir menguando si el tema se empantana o si encuentran contradictoria la estrategia de Obama.