El cartucho bomba y la Inquisición española

Los amantes de la teoría conspiratoria aducirán que este remolino sobre los paquetes bomba descubiertos en un par de aviones de Yemen a Chicago es un truco de los servicios de seguridad anglosajones para justificar seguir incordiando a los pasajeros y obtener un aumento de sus fondos. Hace precisamente unos días el presidente de la British Airways se quejaba de esto y pedía una suavización de los controles, se estaba exagerando, había un costo para las compañías, los pasajeros estaban hartos etc…Varios comentaristas, incluso estadounidenses, le hicieron coro.

La alarma actual, que no parece broma, echa agua a las protestas de British Airways. Los paquetes (pentanitrato o PETN) existían, el explosivo iba oculto en cartuchos de impresora para ordenador y, se sabe ahora, los terroristas ya enviaron a direcciones ficticias en Norteamérica, también desde Yemen, unos paquetes ensayo sin explosivos para poder rastrear con precisión su recorrido el día en que quisieran dar el golpe. El cerebro de la operación es un joven saudita que ya mandó a su hermano a inmolarse con un explosivo en el trasero en un atentado fallido contra la realeza saudita. Se trata de un miembro del grupo Al-Queda en Arabia saudita (AQAP).

El incidente parece proporcionarnos varias conclusiones:

a) el atentado estaba planeado para ser realizado en la víspera de las elecciones de Estados Unidos. Aspecto político

b) los scanners de muchos aeropuertos pueden detectar esa clase de explosivos pero, al parecer, hay pocos instalados en terminales de carga. Ahora habrá que hacerlo, más costo etc… Faceta económica

c) los servicios británicos-los paquetes habían hecho escala en Londres- tardaron en dar cuenta al Primer Ministro Cameron bastante más que los americanos a Obama. La posible “negligencia” se imputa a la avalancha de alarmas, falsas o verdaderas, que reciben los servicios de inteligencia. Es este uno de los mayores problemas de la lucha antiterrorista. Seguridad puede dificilemente digerir todo lo que le llega.

d) Ahora tendremos más colas en los aeropuertos, todo por gentileza de un puñado de fanáticos islámicos. En Gran Bretaña se prohibe embarcar cartuchos de impresora. Nueva incomodidad.

Este round lo ganan, pues, los partidarios de reforzar la seguridad. Los dirigentes de un país pueden asumir el coste de la incomodidad generalizada pero no el de la inacción. Un atentado llamativamente cruento que hubiera podido ser evitado y no lo fue por laxitud, pasotismo o cicatería tendría un precio político.

e) Mencionemos por último que los dos paquetes interceptados iban dirigidos a dos direcciones ficticias de Chicago pero los destinatarios eran personajes de las Cruzadas o de la Inquisición española. Una fijación de Al-Queda inquietante para nosotros.