Hastío total con los políticos en Estados Unidos

El desprestigio del Congreso estadounidense ahora que reinicia sus sesiones cae prácticamente a un mínimo histórico, 18%. La impopularidad afecta a ambos partidos, levemente más a los republicanos. Los políticos demócratas del país, parlamentarios o no, obtienen un aprobación del 38% y una desaprobación del 60 mientras que los republicanos tienen unas cotas del 31 y del 68% respectivamente. Las cifras son de una encuesta de la Agencia Associated Press. En otra del “New York Times” ambas agrupaciones no salen mejor paradas. El índice de aprobación es 30% para los demócratas y 20 para los republicanos. Los encuestados tienen la extendida opinión de que los miembros del Congreso que acuden a las elecciones del 2 de Noviembre no merecen ser reelegidos.

Esto explica el éxito del movimiento del “Tea party“, una deshilachada corriente de opinión cuyos miembros, procedentes normalmente del ala derecha del partido republicano, ha obtenido varios triunfos resonantes en las primarias de estos días desplazando a algunos políticos conocidos de ese partido. Una de las incógnitas que presentan los interesantes comicios de Noviembre es la de si, a pesar de su mayor impopularidad, los republicanos, capitalizando el extendido descontento con el modo como marcha el país con un Ejecutivo y un congreso dominado, en sus dos cámaras, por los demócratas, logran desplazar a estos de una de las dos casas legislativas implantando un equilibrio por el que los americanos parecen apostar cuando existe un desasosiego como el actual. Los paladines del Tea party vienen quejándose del crecimiento del gobierno y del compadreo de los políticos con los mandamases de las grandes empresas. Esto es rentable.

El Tea party es examinado con sentimientos encontrados por los políticos. Los demócratas, de un lado, temen que su dinamismo, su denuncia de un gastado y desprestigiado “establishment” etc… hagan mella en el electorado. De otro, alimentan la esperanza de que los candidatos triunfantes del tea party en las primarias en el seno de los republicanos asusten a los votantes con su extremismo una vez que la contienda se libre en las elecciones generales.

Los republicanos asentados contemplan con alegría el entusiasmo del Tea party porque ello sacará de sus casas a votantes de la derecha apáticos o escépticos. Algunos de los que se ven envueltos en las primarias, sin embargo, temen que ellos pueden ser desplazados por la nueva ola de los irritados.

Obama pasa también por momentos delicados. Su nivel de aceptación es francamente superior al de los congresistas, 45’9% pero los que lo suspenden representan un porcentaje superior al anterior, 49’4%. Unas cifras no catastróficas pero poco halagüeñas para un Presidente a mitad de su mandato. Obama está entre dos fuegos, las clases modestas sufren el zarpazo de la crisis con su preocupante tasa de paro. Aunque se diga que el país ya salió de la recesión, bastantes expertos vaticinan que muchos parados que han rebasado los cincuenta años tendrán un futuro tan negro como la estrellas femeninas de Hollywood que han franqueado esa edad, es decir, quizás ya no encuentren trabajo o se vean obligados a aceptar empleos muy por debajo de sus posibilidades.

Entre los pudientes, el panorama es aún peor. Un artículo del premio nobel Paul Grugman habla de la rabia actual de las clase poseedora, o de una parte considerable de ella, hacia el Presidente. Los favorecidos que no tienen que preocuparse de encontrar una colocación o de hurgar en sus ahorros para poder sufragar un seguro médico empiezan a piafar porque Obama tiene la intención de eliminar los cortes fiscales que estableció Bush para la gente con más recursos.

E l “Wall Street Journal“, un periódico que fustiga con frecuencia la política económica de Zapatero diciendo que está llena de frenazos y contradicciones, ha lanzado varias andanadas contra Obama y la revista “Forbes” también tilda a al Presidente yanqui de un colonialista con mentalidad de un joven de Kenya de hace unas décadas obsesionado con fustigar a las grandes empresas como si fueran potencias coloniales. Obama se defendía el lunes en una intervención ante unos doscientos ciudadanos de a pie, repitiendo una y otra vez que él no tiene absolutamente nada contra las empresas, que el fue el artífice del estímulo económico, criticado ampliamente desde la izquierda, para rescatar a las empresas que estaban en apuros, pero que la reducción fiscal creada por Bush debe desaparecer.

Kugman ironiza sobre que haya grandes empresarios a los que las medidas económicas de Obama, criticadas por intervencionistas también por los republicanos, sacaron del hoyo y ahora se quejen porque se quiera poner un límite a los escandalosos bonos y gratificaciones que perciben.

Como decía, Robert Kennedy, “hagas lo que hagas, en política siempre habrá un 25% de gente que está en contra”. Ahora hay más.

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